LA LEYENDA DE LA CANDILEJA

Dicen que en 1754, el científico ruso G.W. Richman, fue asesinado  mientras estudiaba el extraño fenómeno.

A lo largo de la historia han trascendido cientos de casos de bolas luminosas o bolas de fuego. Avistamientos de extrañas esferas de energía que flotan por el aire. Muchos científicos reconocen su existencia, aunque dado que no se puede explicar el fenómeno debido a la carencia de evidencias tangibles, las bolas luminosas o de fuego siguen siendo a día de hoy uno de los grandes enigmas del mundo del misterio.

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Pues bien, cuenta una leyenda colombiana que en algunas noches se aparece una bola ardiente de tres llamas, también conocida como la luz viajera, con apariencia de fuego infernal, que además produce un escandaloso ruido a medida que se acerca a su objetivo.

Esta luz persigue a los padres irresponsables, infieles y borrachos aunque también asusta a los viajeros que recorren los caminos solitarios durante la madrugada. A la Candileja le gusta aparecer en casas abandonadas o solitarias así como también en los ríos crecidos.

La leyenda indica que hace mucho tiempo atrás vivía una anciana con sus dos nietos, a quienes nunca les negaba nada, llegando estos incluso a utilizarla como bestia de carga. Al morir y llegar al cielo, San Pedro le reprochó por su falta de rigor en la educación de sus nietos por lo que la condenó a purgar sus penas en la Tierra mediante tres llamaradas que representan a la anciana y a sus nietos.

Desde esos tiempos suele aparecer cuando todo está en silencio, cuando todavía no ha cantado el gallo, en los camino, en los lugares abandonados, en las orillas de los ríos. Para ahuyentarla se debe rezar con fe, aunque algunos dicen que los mejor es hacer mucho ruido, tan fuerte como se pueda de manera que el que procede de la luz pase desapercibido. Y parece ser que hay otra forma de espantarla que es decirle groserías e insultarla, tratándola de vieja alcahueta y endemoniada.

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Lo único que la leyenda no nos cuenta, es por cuanto tiempo debe purgar La candileja sus penas, aunque sabemos que el cielo es muy amigo de las condenas eternas. Por tanto, cuando camines solo en la noche, y ante la duda, aprende a rezar, guárdate tus mejores insultos y lleva siempre contigo algún objeto que haga mucho ruido.

Fran González

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