Demonios, qué son y por qué se manifiestan

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Origen etimológico de la palabra Daimōn

La palabra en griego antiguo δαίμων daimōn denota a un espiritu o poder espiritual, más cercano al Latin genius o numen, genio y presencia espiritual respectivamente. Sin embargo la palabra daimōn  o demonio proviene del verbo griego daiesthai que significa dividir o separar.

¿Qué son?
Desde una perspectiva trascendental, todo pensamiento que haya sido pensado (creado, focalizado, realizado) existe, y es así como los demonios existen. Pero éstos existen solo en algunos niveles de la realidad, no en todos, ni tampoco en todos los planos.
Los demonios son una CREACIÓN (conjunta), originada por la falta de conexión del ser humano con la energía fuente o consciencia infinita o dios.
Su vibración es tan discordante respecto a la de la fuente de energía infinita, que se han llegado a convertir en el símbolo por antonomasia de la falta de luz, resistencia a la energía fuente y todo lo que esta significa (valores y virtudes nacidos de la benevolencia y la compasión).
Estas entidades son creaciones de la mente humana que se han ido fortaleciendo a través de las eras, y es por esto que son tan reales como cualquier creación mental en la cual se haya utilizado el foco y el tiempo necesario como para manifestarla en el plano físico.

 

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¿Existen fuentes del bien o del mal?
Es importante aclarar que desde una perspectiva trascendental, no existe la fuente del bien o la fuente del mal. Éstas no EXISTEN como dos fuentes separadas una de la otra y subsecuentemente opuestas; solo existe una fuente única. Esta fuente de energía infinita ha sido descrita en todas y cada una de las religiones y creencias como “Luz pura”.
Entonces, ¿qué es realmente la oscuridad? La respuesta es vacío y total ausencia de luz.
Por ejemplo, si tenemos una habitación en frente nuestro y comenzamos a jugar con el interruptor encendiendo y apagando la luz, lo que estamos haciendo es usar el mismo interruptor para apagar la luz, no buscamos otro interruptor para encender la oscuridad. Lo que hacemos entonces para obtener oscuridad es resistir la luz. Ocurre de la misma manera con el mal y el bien.
Solo existe UNA fuente de energía infinita, no dos, y ésta es benevolente. Lo que denominamos “mal” es la resistencia hacia la luz o a la energía benevolente infinita, o la falta de ella.

 

 

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La manifestación de los demonios en nuestras vidas depende de nuestra libre elección
Como ya hemos mencionado previamente, estas entidades se nutren de la energía de nuestro foco y atención, como cualquier otro tulpa.

Sin embargo, si en nuestro universo mental elegimos conscientemente no alimentar la existencia de dichas entidades con la energía de nuestra atención, no considerarles, y en cambio seguimos enfocando y volcando nuestra energía hacia cosas o acciones que nos hacen sentir emocionalmente confortables y bien, vamos a estar cultivando una vibración que existe en un espectro tan universal (más allá del plano en que estos existen) que no vamos siquiera a tener la posibilidad entrar en contacto de ningún tipo con alguna con ellas. Estas literalmente, NO PUEDEN ser parte de nuestra realidad subjetiva.
Realidad o verdad subjetiva versus la realidad o verdad trascendental.
La realidad subjetiva es la realidad racionalizada. Es aquella “verdad” con la que nos hemos hecho a través de nuestra experiencia física (separada de la energía fuente). Esta realidad está sujeta a los límites derivados de la individualidad, el lenguaje, la lógica, el cerebro y sus procesos.
Nuestra realidad subjetiva está conformada por declaraciones basadas en nuestras propias vivencias (Ej.:, “soy un ser humano”, “soy hombre o mujer” o “la comida rápida me hace mal”), aprendidas a partir de información externa a nosotros (ej. “El cielo existe”) o de rutinas diarias (ej. cómo pedalear y conducir una bicicleta).
Todos creamos nuestra propia realidad subjetiva. De hecho hoy en este mismo instante estamos viviendo nuestra realidad subjetiva, la que nosotros mismos HEMOS creado.
Es necesario explicar aquí que desde el punto de vista del budismo tibetano, por ejemplo, tanto nuestra realidad subjetiva como la experiencia de un mundo supuestamente objetivo frente a nosotros son ilusiones que no obstante ocurren de manera efectiva en una realidad trascendente, de naturaleza espiritual que no se encuentra limitada a nuestro yo individual. Dicho de otro modo la única realidad efectiva es la del espíritu absoluto. Esta realidad trascendente es inefable, inexpresable, y verdaderamente, solo puede ser sentida por los individuos. Es interesante en este sentido notar el vínculo etimológico entre verdad y espiritualidad en las antiguas tradiciones espirituales de Europa. Tanto la palabra verdad derivada del latín veritas, como la palabra inglesa truth derivada del antiguo inglés, germánico y escandinavo, llevan asociadas de manera explícita los significados de fidelidad, lealtad, sinceridad y veracidad, e implican por sobre todo un vínculo indisoluble entre verdad, fe y creencia.
La realidad trascendente del espíritu existe con independencia de como sea interpretada y asimilada mediante el lenguaje y sus conceptos. La realidad trascendente sigue siendo ese espacio de sensación tras cada realidad subjetiva, y su aprehensión, más que el lenguaje de las palabras, involucra la acción de la fe. Existe en el interior de cada persona y no varía de una persona a otra. Es un conocimiento interno esencial.
Todo lo relacionado con la verdad subjetiva de nuestra existencia física “separada” del todo es una elección. Tenemos la elección de vivir nuestra verdad subjetiva de acuerdo con nuestra verdad trascendental. La toma de esta decisión SIEMPRE dependió, depende y dependerá de nosotros.
La fuente de energía infinita o dios es la vibración de la realidad trascendente. La energía fuente se ha transformado y convertido en la vibración de todo lo que ha sido deseado por todos los seres y no seres (energías) en todas las dimensiones y universos, que existen o existieron.
Es decir, ésta se ha convertido en la vibración masiva de energía positiva pura.

 

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Los demonios: una realidad subjetiva
Cuando decimos que los demonios son una realidad subjetiva, queremos decir que los demonios son una metáfora realizada. Son el símbolo (realizable) de las frecuencias o vibraciones negativas que nacen en nuestra mente. Son símbolos que han sido nutridos por individuos, culturas y religiones, y que se les ha dado tanta importancia, foco y atención que se han convertido en “formaciones mentales”. Poseen la habilidad de comportarse como un “tulpa”, de proyectar ideas, de retener características, de influenciar y ser percibido por aquellos en la tercera dimensión (física) que tienen una vibración o frecuencia que es similar a las de ellos.
Los demonios no tienen la habilidad de hacerse un espacio en nuestra realidad o vida de por sí, éstos son invitados por las personas que les ofrecen una vibración similar a la de ellos.

 

 

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Quiénes les atraen y por qué
Si resistimos los conceptos o creencias relacionadas con el mal o el infierno (y como sabemos que todo lo que se resiste PERSISTE), mantenemos esos objetos en nuestro foco y atención. Es por esta razón que DEBEN sí o sí convertirse en parte de nuestra realidad, de nuestra experiencia.
Por esta razón es que estas entidades se muestran o manifiestan tan fácilmente en las vidas de aquellos individuos con creencias religiosas, que creen en ellos tan firmemente y resisten el “mal” día a día sin descanso.
Esta razón es compartida para con las personas a las que podríamos categorizar como exhibidoras de algún tipo de trastorno mental. Por ejemplo, casi todos hemos experimentado la cercanía de una persona que vive en las calles, que corre sin rumbo mientras habla consigo mismo. Lo que aquí ocurre es que esta persona se ha puesto a sí misma en una vibración o frecuencia que refleja un patrón mental de miedo y victimización al punto en que el aura humana se debilita. Al debilitarse el aura la energía se empieza a filtrar pudiendo ser utilizada por “formaciones mentales” o entidades (ej. fantasmas o demonios) para manifestarse en el plano físico. Si bien esta utilización de la energía filtrada posibilita su manifestación, tal uso no es en sí malevolente.
El problema mayor nace cuando la enfermedad misma ( por ejemplo, la esquizofrenia, u otro trastorno psicotico) se transforma en una razón más para enfocarse en lo negativo. Esto hará que quienes padecen tal enfermedad comiencen a crear pensamientos de miedo creando así una vibración o frecuencia similar a la de un tulpa, fantasma o demonio.

Una vez que una de estas entidades, o varias se han adherido al campo áurico de una persona, ésta accederá no solo a su patrón de pensamiento personal, sino también a los patrones mentales de la o las entidades. En tales circunstancias la persona comenzará a oír voces y pensará estar fuera de sí. Al mismo tiempo tales pensamientos pueden generar vibraciones que atraigan más y más entidades en forma creciente. Este proceso cíclico puede llevar potencialmente a la atracción de entidades de más y más baja frecuencia hasta atraer a una o varias de estas entidades que exhiben vibraciones bajas, y que denominamos habitualmente como demonios.
Estas personas atraen a la manifestación de la simbología de los más oscuros aspectos de la psique humana.
Cuando vivimos en el infierno y experimentamos lo que se denomina como demonio, nos enfocamos exclusivamente en lo que NO DESEAMOS y ese foco que PERPETUAMOS es el que crea un punto de atracción poderoso que es capaz de generar la realidad MISMA en cual vivimos.

 

 

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El demonio, el infierno y otros
Los demonios, el infierno y otros, existen como tipos de “formaciones mentales”, que fueron CREADOS por la mente humana (NO por la Fuente de energía infinita), como una herramienta de control sobre la humanidad (asuntos políticos y sociales) infundiendo TEMOR y liberando a los individuos de la responsabilidad por sus actos (confesión, penitencia, etc.).
En el momento en el que el concepto de Demonio emergió en la humanidad, muchos líderes comenzaron a ganar poder a través de la religión y todos los no-creyentes, infieles y herejes, personas que no se subyugaban al control total, comenzaron a ser asociados con el demonio, señalados como enemigos de Dios y convertidos en amenaza para las almas eternas del resto de la humanidad creyente. Esto significaba condena inmediata a cualquiera que se asociase con estos conceptos.
Tanto el Cielo como el Infierno son estados de la psique que existen en ESTA dimensión en la que vivimos. EL cielo es un estado mental que proviene del regocijo que es vivir esta experiencia física, y que es al mismo tiempo el reflejo cristalino de nuestros pensamientos. El cielo es el estado alcanzado por aquellos que siguen la guía de su intuición en sus emociones tan constantemente y conscientemente, que la resistencia hacia la guía NO ES SENTIDA POR NOSOTROS.
Básicamente es vivir en un estado mental, emocional y espiritual que nos coloca en la frecuencia energética más cercana a la de la Energía fuente misma y es la sensación que se tiene al morir.
El Infierno no es un lugar, es un estado mental que se transforma en el sufrimiento en que vivimos, creado y atraído por nosotros por medio de la ley de atracción.
Se siente terrible porque es la resonancia más lejana y opuesta a la de la energía fuente.
El infierno no es una resonancia compatible con la energía fuente y es exhibe la sensación falsa de que estamos completamente huérfanos de la compañía y guía de la energía fuente, es decir nuestro cuerpo físico, nuestro ser eterno y los pensamientos que creamos en el aquí y el ahora.
El Infierno es un concepto que existe para aquellos sedientos de justicia, desde una perspectiva de un entendimiento limitado.
El Infierno es lo que para aquellas personas que buscan la seguridad a la forzando el mundo exterior a ser de un modo en particular, y usado en un intento de atemorizar a la población a comportarse de buena manera y alejarse de un comportamiento negativo.

 

 

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Somos los arquitectos de nuestra propia realidad

Si desea resonar con cosas o estados que le hagan sentir bien y EXCLUIR DE SU REALIDAD cosas como demonios, entonces comience a buscar ahora mismo un estado emocional que se sienta MEJOR que el actual, ya que ese estado (mental, emocional y espiritual) se traduce en nuestra vibración, y esta vibración es el punto de atracción para todo lo que se manifiesta en nuestras vidas, nuestra realidad.
Es por esto que decimos que AUNQUE nuestros pensamientos sean reales, al igual que los demonios, NO NECESARIAMENTE TIENEN QUE FORMAR PARTE DE NUESTRO SISTEMA DE CREENCIA O REALIDAD SUBJETIVA. Cuando éstos cesan de existir en estos planos (creencias y realidad subjetiva) dejaremos de crear una vibración similar a la de ellos y por tanto estos dejarán de manifestarse en nuestras vidas. No veremos evidencia alguna de ellos, en conclusión NO existirán para nosotros.
La elevación de nuestra vibración a través de nuestra sanación y alineación con la energía fuente nos da el control total de lo que se muestra en nuestra realidad. Nos permite crearla.

 

Si estás interesado en como poder elevar tu vibración, no te pierdas el siguiente artículo de Paminalchemy, exclusivamente para Narradores del Misterio

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