Trataka. Meditación con Vela

Meditación con la vela

Una forma sencilla de comenzar la meditación es hacerlo contemplando la llama de una vela. ¿Quién no se ha sentido hipnotizado al observar las llamas de un fuego? Como sí quisiéramos adentrarnos en su interior, admirando la belleza y la fuerza del fuego. Es el llamado Trataka.

Con este sistema potenciaremos nuestra concentración, mejoraremos nuestra atención, reforzaremos nuestra memoria y acallaremos nuestra mente.

Preparación.

Nos prepararemos en un sitio cómodo y silencioso, donde podamos pasar un rato sin interrupciones.

Elegiremos preferiblemente una vela blanca que nos conectará con nuestros guías. Encenderemos un incienso que purificará el ambiente y nos ayudará a entrar en contacto con otras realidades.

La colocamos delante nuestro a una distancia prudencial. No ha de estar ni muy cerca ni muy lejos para poder observarla correctamente. Empezaremos concentrándonos en la llama intentando apartar todo pensamiento que acuda a nuestra mente. Lo haremos sin juzgar y sin valorar nada, simplemente recreándonos en la visión del conjunto.

A medida que nos concentramos en la observación de la llama los pensamientos irán desapareciendo y centraremos nuestra atención en la cera. Nos fijamos como se derrite, como resbala o como se evapora.

Volveremos a centrarnos en la llama. Nos recrearemos el su color, su tamaño y su resplandor, sintiéndolo y sin juzgar. Nos centraremos en los movimientos, en su brillo.

Conseguir resultados.

Para conseguir la meditación con la vela, poco a poco empezaremos a perder el sentido de la realidad circundante. Sólo concentrados en la llama de la vela sentiremos como nuestra sensibilidad se agudiza.
Si practicamos este ejercicio con regularidad notaremos como nuestra intuición se va incrementando paulatinamente. Incluso podemos utilizarlo para resolver dudas. Esto se consigue haciendo una pregunta al principio de la meditación y dejando que nos llegue la respuesta en forma de idea o de imagen a nuestra mente.

Silvia Rossi

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