SANT PERE DE CASSERRES. Historia y Leyenda

Si nos encontramos en lo más extremo de la cresta de Casserres, en esa especie de península rodeada por uno de los meandros del río Ter, y envuelto por esa niebla que tanto caracteriza a la comarca de Osona en la provincia de Barcelona, es que de seguro estamos en una de las joyas del románico catalán, el Monaterio de Sant Pere de Casserres.

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Dicen los historiadores que sobre las ruinas de un antiguo castillo edificado bajo las órdenes de Luis el Piadoso, uno de los hijos de Carlomagno, los vizcondes de Cardona-Osona decidieron erigir allá por el año 1.006 un monasterio en señal de agradecimiento a Dios por no haber acabado con el mundo a la finalización del primer milenio. Una necropilis encontrada en la última restauración efectuada a mediados de los noventa, evidenció que el hombre ya había habitado esas tierras muchos años atrás de los que en principio se le suponía. Pero detrás de cada historia, como casi siempre, también se esconde la leyenda.

Pues bien, cuenta la leyenda que en la casa de Cardona nació un niño que empezó a hablar con tan solo tres días de edad, el bebé, anunció su temprana muerte, moriría en un mes, y ordenó que sus restos fueran depositados a lomos una mula, a la que tendrían que dejar andar en total libertad, allí donde la mula se detuviera para descansar, deberían construir un monasterio bajo la advocación de San Pedro, y en ese monasterio era donde le tendrían que dar cristiana sepultura. Al parecer, así se hizo, durante siglos, las reliquias de lo que parecía ser un niño de muy corta edad fueron veneradas por los habitantes de la zona, que le atribuían poderes sobrenaturales, durante los periodos de sequía, se realizaba una procesión que llevaba la urna que contenía los restos del niño hasta el rio Ter para dar solución al problema. En la década de los setenta los restos fueron robados y devueltos posteriormente, cuentan que una iglesia de Barcelona, y bajo secreto de confesión. Actualmente vuelven a estar en su lugar, en el lugar de donde nunca debieron haber salido.

Durante casi trescientos años las piedras de este monasterio benedictino fueron presa del abandono y la desolación, solo algunos curiosos, excursionistas o amantes de la cultura y el misterio, fueron los excepcionales visitantes de este lugar, convertido en centro de culto de rituales satánicos y escenario de misas negras en la década de los ochenta.

Muchas son las horas que he pasado entre las paredes de este pequeño monasterio, unas veces solo, otras acompañado, allí me inicié en meditación con un catedrático en historia de la Universidad de Harvard, conversé sobre el románico con un ministro de la época, y compartí leyendas con gentes venidas de diferentes partes del planeta, allí he vivido y sentido cosas, algunas de ellas, que serían muy difíciles de explicar desde la perspectiva de la razón, y todo, para finalmente, llegar a la conclusión de que los lugares no son elegidos al azar, que quizás, solo quizás, son ellos los que eligen a los hombres para que construyan en ellos monumentos o edificaciones, de cualquier tipo, da igual, pero donde el misterio, la historia y la leyenda se reencuentren para formar parte de nuestra existencia.

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Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia.    “Aldous Huxley”

Fran González

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