LOS PROBLEMAS DE UN LICÁNTROPO

El licántropo se removió inquieto en su escaño del congreso, se acercaba la luna llena y sus sentidos se agudizaban. Podía oler a distancia el horrible pestazo de la colonia del líder de la oposición, escuchar los susurros de dos miembros de su grupo hablando de la resaca que tenían después de una noche de reunión con la ejecutiva del partido. Se decía de él que tenia malas pulgas, y las tenia, no podía dejar de rascarse a pesar del collar anti pulgas que llevaba bajo el cuello de la camisa. No era fácil ser hombre lobo siendo una figura publica, aunque había elegido la política para poder pasar desapercibido entre tanto animal. Inquieto, se levanto del asiento y se dirigió a los lavabos. No pudo evitar la tentación de mear a cuatro patas contra la pared de los urinarios, aunque un miembro del grupo mixto estaba mingitando junto a él, éste no le prestó atención, se veían cosas tan raras en el congreso que nadie hacia caso a según que excentricidades. Vivía en la primera planta de un hotel de la capital con una ventana que daba al parque para sus escapadas nocturnas. Había elegido aquel hotel porque en el pernoctaban numerosos diputados y por la noche los gemidos y gritos de las prostitutas ocultaban sus aullidos. Pero tenia que ser mas precavido, ya que una noche los servicios municipales lo confundieron con un perro Irish Wolfe Greyhound y despertó al día siguiente desnudo en una jaula de la perrera municipal. Después de mucho tiempo, las noches de luna llena, se vestía con chandals que compro en un mercadillo, no podía permitirse el destrozar mas trajes de diseño cada vez que sufría la transformación. Tampoco temía a la muerte, ya que solo las balas de plata podían acabar con el. Debido a los recortes en el presupuesto policial, que el votó, quien podía permitirse comprar munición de plata. También, a pesar de sus desmanes nocturnos vivía con relativa tranquilidad, ya que desde la aparición de las mafias del Este, encontrar cadáveres desmembrados en los parques, se había convertido en una rutina policial. Pero un día de luna llena, el debate sobre la Nación se alargó hasta altas horas de la noche, fue inevitable. No pudo evitarlo, se transformo y el hombre lobo que residía en el, salto la bancada y se abalanzó sobre el orador. El presidente de la sala le advirtió tres veces por megafonía – ¡Señor diputado, le ruego por tercera vez que deje de morder en la yugular a su señoría ! Fue expulsado de la sala, mientras el orador se desangraba sobre el parquet, el huyó a cuatro patas del hemiciclo. El debate continuo sin mas incidentes. Tan solo recibió una amonestación. Desde luego, llego a la conclusión, de que la política parlamentaria era el mejor lugar donde su condición de licántropo podía pasar mas desapercibida. Y aquel día, se sintió feliz.

Tom Roca20140617-164114-60074854.jpg

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