HISTORIA DE LAS HOGUERAS

Desde qué existe la memoria, en el mundo rural se utiliza el encender hogueras para festejar los momentos especiales. En muchos de estos rituales se quemaban fantoches (muñecos toscos habitualmente rellenos de paja), que se utilizaban como simbolismo para representar a la víctima sacrificada. Estos podían representar a una bruja, a Judas, a Herodes o un animal. Una vez quemada la hoguera, las cenizas

se esparcían por los campos y con ellas se enterraba un pedazo del fantoche.
En el mundo celta esta costumbre estaba muy arraigada durante el solsticio de verano, costumbre que ha perdurado hasta nosotros. Durante la Edad Media festejaban esta fecha encendiendo hogueras y realizando procesiones con antorchas prendidas por los campos.
Al fuego de las hogueras se le atribuía el poder de alejar las enfermedades. En Europa se solían acercar a los enfermos a las hogueras, ya que se creía que les proporcionaba influencias favorables para la evolución de la enfermedad. Las cenizas se consideraban con poderes protectores y purificadores, de ahí la costumbre de saltar sobre ellas para obtener la protección de los dioses y alejar el mal de ojo.
Julio César en De bello gallico describe los ritos célticos diciendo que “ciertas poblaciones construyen estatuas enormes, hechas con mimbre trenzado, que rellenan con hombres vivos y a las que prenden fuego, dejando que mueran entre las llamas”.
Los gatos particularmente fueron durante mucho tiempo víctimas de las hogueras, y sus cenizas se recogían y conservaban para utilizarse como amuletos de protección, contra las enfermedades y el mal de ojo.
En Francia había la costumbre de tirar al fuego serpientes vivas. También había la costumbre de alzar una cucaña al lado de la hoguera, y ambas estaban bendecidas por el cura local. Encima de la leña a veces ponían un árbol, al que se llamaba árbol de mayo, y sobre éste colocaban una corona de flores. Durante el reinado de Luis XIV, dicen que sobre la copa del árbol zz una cesta con dos docenas de gatos y una loba, que eran los últimos en arder.
Afortunadamente hoy en día nos hemos quedado con el simbolismo lúdico de las hogueras.
La hoguera tenía una gran importancia para los jóvenes esposos en el mundo celta. Simbolizaba el vigor sexual y los jóvenes danzaban alrededor del fuego para favorecer la fertilidad de la pareja, y a veces, consumaban el acto sexual junto a los árboles sagrados. El fuego tenía un valor simbólico ya que la chispa que hacia encender el fuego se producía al clavar un leño en otro previamente perforado.
El fuego también era utilizado como oráculo, observando las llamas, la forma , el color y el movimiento predecían como serían las cosechas y el ganado. El humo también se estudiaba con los mismos fines. Actualmente está forma de adivinación perdura en los rituales con velas.

Silvia Rossi

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