EL PUEBLO MALDITO DE TRASMOZ

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Cuenta la historia que en el año 1511 el Abad del Monasterio de Vueruela decidió propagar por el municipio zaragozano de Trasmoz, situado en las faldas del Moncayo, una maldición convirtiéndolo en el único pueblo maldito conocido de toda España. Una maldición que solo puede levantar el Papa o el obispo de Tarazona bajo las órdenes del Papa.

Trasmoz era una isleta laica rodeada de terrenos católicos y en 1252, el pueblo fue excomulgado y luego maldecido.

Trasmoz era un municipio independiente algo que no gustaba al Abad de Veruela, del que dependían todos los pueblos de la comarca. En virtud de derechos concedidos por la Corona, este pueblo no dependía para nada del monasterio y era libre en el uso del agua. Se acuñaban monedas falsas que disminuía los ingresos del monasterio. Todas estas circunstancias negativas provocaron la denuncia eclesiástica y la orden papal de excomunión. Si negativo era no aceptar el control de la Iglesia, más negativo para sus finanzas.

Por todo esto se decidió realizar una maldición en el 1511. A la entrada del pueblo se colocó una cruz cubierta con un velo negro y alrededor de ella los monjes llevaron a cabo la lectura del salmo 108 del Libro de los Salmos. Desde entonces han pasado 50 Papas y ninguno de ellos ha revocado la maldición.

Pero la historia sobre el municipio de Trasmoz va mucho más allá. Las tierras y el castillo, propiedad del señor de Trasmoz, Pedro Manuel Giménez de Urrea, fueron escenario de cruentas batallas, brujerías, aquelarres y todo tipo de ritos paganos.

Existe un libro antiguo que cuenta el peregrinaje de Pedro Manuel Giménez de Urrea a las tres Ciudades Santas, Jerusalén, Roma y Santiago. Y en el siglo XX, este libro se encontró. Constituía uno de los libros de hoguera, considerados herejía por la Inquisición. Cuando encontraron la obra en Francia, estaba cosida bajo las tapas de otro libro que sí estaba permitido. El dueño era un descendiente directo de Napoleón.

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500 años después de esta maldición, los vecinos de Trasmoz, recrean la historia que convirtió al municipio en uno de los lugares más misteriosos de Aragón. Sus calles vuelven a congregar a los calatravos de Alcañiz, los juglares, los inquisidores, los comerciantes y sobre todo a las Brujas en el XIV,  Encuento de Brujería, Magia y Plantas Medicinales del Moncayo. Escenifican el momento de la maldición previo al aquelarre, los Calatravos de Alcañiz con sus luchas medievales, la captura, el juicio y la tortura de las brujas y los herejes.

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De sus leyendas y tradiciones se nutrió la imaginación de Gustavo Adolfo Bécquer, que fue homenajeado con una estatua del poeta junto a las murallas de las ruinas del castillo. Cuentan las leyendas, que el castillo fue levantado por el Diablo en una sola noche, desde el que se tiene una impresionante perspectiva de los valles circundantes y del mítico, ancestral y misterioso Moncayo.

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