EL PODER DE LOS CRISTALES: EL CUARZO

Los Griegos creían que el cuarzo se trataba de agua cristalizada y que era un presente de los dioses.
Los druidas los llamaban «colmillos de dragón» y los utilizaban para comunicarse con otros mundos.
Se dice que el mago Merlin tenía una varita de poder con la punta de cuarzo, con la cual podía predecir el futuro, y también que la famosa espada Excalibur tenía uno adornando su empuñadura.
Otra leyenda habla que de Dios decidió convertir las lágrimas de los ángeles en cristales de cuarzo.
El cuarzo es uno de los cristales que podemos encontrar por todo el mundo. Considerado como el cristal sanador más potente que se conoce por su capacidad de ampliar la energía como no lo hace ningún otro cristal. Tiene la capacidad de absorber, almacenar, liberar, regular y desbloquear la energía.
Está considerado como una especie de ordenador natural ya que almacena toda la información energética, sintoniza perfectamente con las necesidades de cada uno y eleva la energía a su punto más alto. Limpia los cuerpos sutiles, y conecta el cuerpo físico con la mente.
Es un activador de la memoria y una gran ayuda si necesitas concentrarte, de hecho se utiliza en la meditación con este fin. El cuarzo ayuda a armonizar los chakras y alinea los cuerpos sutiles.
Las bolas de cristal que se utilizan para visualizar el pasado o el futuro en adivinación, suelen ser de cuarzo y emiten energía en todas las direcciones.
Las pirámides de cuarzo se utilizan generalmente para absorber los bloqueos y las energías negativas de los chakras, sustituyéndolas por vibraciones positivas.
Las drusas son una serie de cristales, grandes o pequeños, incrustados en una base. Éstos recogen la energía del entorno y la limpian, irradiando energía positiva. Además de para limpiar habitaciones, las drusas de cuarzo se utilizan para limpiar otros cristales, por ejemplo aquellos que vayan engarzados en metales y que no queramos dejar en agua, como amuletos o péndulos. Sólo hay que dejarlos sobre las puntas de cuarzo durante toda la noche.

Silvia Rossi

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