EL FUEGO SAGRADO

En todas las religiones antiguas el fuego ha tenido un importante simbolismo religioso. En la religión cristiana y en la hebrea el fuego simboliza la divinidad, de hecho Dionisio de Areopagita defendía que el fuego es la representación de Dios menos imperfecta, ya que representa al Espíritu Santo, cuando el día de Pentecostés descendió a a los apóstoles en forma de llama para convencerlos de que debían

tener paciencia, perseverancia y fe. El antiguo Testamento deja muy claro que que el fuego manifiesta la santidad de Dios y se utilizaba para castigar a los enemigos del pueblo elegido.

En el Hinduismo el dios Agni, junto con Indra y Surya, representan la tríada del fuego terrestre, entre el mundo terrestre y el celeste. En el primer milenio a. de C. los Veda determinaron el fuego como la parte central de los rituales. El más importante es el agnihotra, ofrenda al dios Agni, que como he dicho era el representante del fuego y además, el mediador entre los hombres y los dioses. Con el fuego sagrado se invocan a las divinidades a descender a la tierra y tomar parte del ritual, elevando las peticiones y las ofrendas.

Los sacrificios ofrecidos a los dioses en las antiguas religiones representaban un pago anticipado para que se cumpliesen las peticiones.
Se solían ofrecer todo tipo de animales comestibles como cabras, ovejas o bueyes, dependiendo de la importancia de la petición. Estos animales eran sacrificados de forma ritual, siguiendo unas estrictas formas tanto en la manera de matarlos como de descuartizarlos.
Una vez descuartizado el animal sacrificado, las vísceras se ensartaban en unos asadores específicos para este fin, y se consumían inmediatamente, ofreciendo una parte de ellas a los dioses. Las mejores piezas de carne se reservaban para el banquete ritual, al que eran invitadas otras personas. Curiosamente el humo de la carne asada, junto con la sangre, los huesos o los cuernos era la parte destinada a las divinidades. Las pieles se las quedaban los sacerdotes que oficiaban las ceremonias.

Vesta era la diosa romana considerada como la protectora del hogar, que estaba presidido por el fuego doméstico, y también del Estado romano, protegido por el fuego sagrado. Los romanos en sus conquistas siempre imponían el fuego de Roma, el cual representaba el medio divino para pasar de la vida mortal a una condición sobrehumana. El Aedes Vestae, templo de Vesta, en el centro de Roma, era un símbolo de la grandeza del imperio y de su determinación de conquistar el mundo. En el templo sólo podía entrar el Sumo Sacerdote y las Vestales, mujeres vírgenes consagradas a la diosa. En las calendas de Marzo, la más anciana de las Vestales junto con el Sumo Sacerdote realizaba un rito de renovación: apagaban el fuego e iniciaban uno nuevo.
Los romanos consideraban que el fuego y el agua eran los elementos que formaban las bases de la vida humana. Por eso el fuego del Templo de Vesta era custodiado por seis vírgenes, y si el fuego divino se apagaba eran condenadas a muerte, puesto que este hecho se consideraba una señal de infortunio. De la misma manera las vestales debían permanecer vírgenes durante el tiempo que prestasen servicio en el templo, el incumplimiento de esta regla era castigado con un enterramiento en vida, en el Campus Sceleratus.
Cuando se acercaba el solsticio de verano, se dedicaban ritos y celebraciones a Vesta, las llamadas Vestalia, que servían para pedir la protección de la diosa, sobre todo en el hogar.

Silvia Rossi
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