EL EXPERIMENTO PHILIP

En 1972 la Sociedad para la investigación psíquica de Toronto (Toronto Society for Psychical Research) dirigida por el dr.Owen, matemático, decidió iniciar una curiosa investigación. La finalidad era averiguar si con el incosnciente colectivo se podía dar forma y materializar un fantasma. Todos ellos estaban de acuerdo de que los fantasmas existían, independientemente de que sean seres fallecidos, una alucinación o incluso un fraude. Y si era una alucinación ¿se podía recrear voluntariamente? El grupo lo formaron ocho personas, cinco mujeres y tres hombres, provenientes de diversos ámbitos: constaba de un contable, una bibliotecaria, un diseñador industrial, una estudiante de psicología, un ama de casa, el propio dr. Owen y su esposa, directora de un centro para discapacitados.  Ninguno de ellos tenía ningún tipo de capacidad psíquica y para evitar invocar a un fantasma de verdad decidieron crear uno propio.

A continuación dejo la descripción que hace Iris Owen en su libro La elaboración de un fantasma

Entonces, nos percatamos en inventar el personaje que esperábamos “evocar”. Uno de nuestros miembros, Sue, utilizó su gran inventiva para escribir la historia inicial de “Philip”. Resumidamente, la historia es como se indica a continuación: Philip fue un aristócrata inglés, que vivió a mediados del siglo XVII en la época de Oliver Cromwell (2). Había sido partidario del Rey, y católico. Estuvo casado; su esposa, Dorothea, hija de un noble vecino, era hermosa pero fría y frígida. Un día, viajando por las afueras, en los lindes de su hacienda, Philip pasó por un campamento gitano y vio allí una hermosa joven zíngara, de ojos oscuros y cabello negro brillante, Margó; y se enamoró instantáneamente de ella. Amparándola secretamente, la llevó a vivir cerca de los establos, en la aldea de Diddington, el hogar de su familia. Mantuvo su nido de amor en secreto por un tiempo, pero finalmente, Dorothea se dio cuenta que mantenía a otra persona allí, encontró a Margó, y la acusó de brujería y de quitarle a su esposo. Ante la posibilidad de perder su reputación y sus posesiones Philip se asustó, y no intervino en el juicio contra Margó. Fue condenada por brujería y quemada en la hoguera. Más tarde, Philip cayó víctima del remordimiento, por no haber tratado de defender a Margó, y marchó hacia las murallas de Diddington sumido en la desesperación. Finalmente, una mañana, su cuerpo se encontró al pie del muro de piedra, desde el que se arrojó, presa de un ataque de angustia y remordimiento.


Para los propósitos del experimento decidimos que Philip había reencarnado varias veces desde aquel entonces, más o menos una vez cada siglo, pudiendo verse su fantasma en las murallas de Diddington. Tomamos el año 1972 como uno de los años en que nuevamente podía verse su fantasma, trataríamos de materializarlo y tranquilizarlo ya que Margó estaba, por cierto, “en el otro lado” y además lo había perdonado, así él ya podría descansar. Tengo que señalar que aunque la aldea de Diddington es un lugar real -en Warwickshire, Inglaterra- no existió ningún personaje como Philip, ni existe tradición alguna relacionada con la historia de la aldea misma. Se eligió Diddington sólo porque alguien del grupo pasó una temporada allí, en el Servicio de Enfermeras de las Fuerzas Canadienses, y por lo tanto estaba familiarizada con el lugar. El campo mismo se presta para contar la historia, es hermoso recorrer el parque, que se ha mantenido sin cambios en siglos.

Tuvimos una larga conversación alrededor de la historia y la personalidad de Philip, el fantasma propuesto; hasta que todos estuvimos familiarizados con sus antecedentes. Hablamos de sus características físicas: el color de sus ojos y su pelo, su altura, su temperamento, las cosas que eran de su agrado y las que no, el tipo de comportamiento que tendría, su vestimenta, la clase de alimentos que tomaba, y especialmente sus sentimientos hacia Dorothea y Margó; hasta que tuvimos un cuadro mental completo de él, y lo aprobamos. Para fijar más firmemente el cuadro, Andy, un artista miembro del grupo, dibujó un retrato de Philip, que colocamos delante nuestro cada vez que pensábamos en él”.

Empezaron a trabajar sobre esta historia sentándose en  círculo y haciendo meditaciones de unos diez minutos de duración cada sesión, aumentándolo a media hora mientras una observadora ajena al grupo los observaba atentamente, consiguiendo visualizar las auras de los integrantes del grupo e incluso percibiendo unas ciertas neblinas. Una cosa que tenían clara en el grupo era que debía ser una experiencia grupal, evitando que el espíritu se manifestase a través de uno de ellos. Pasado un año sin obtener resultados deciden cambiar de estrategia: harán una sesión espiritista al más puro estilo victoriano. Deciden poner algún adorno de la época aunque la mesa sigue siendo una mesa de plástico, y en un ambiente más distendido y relajado proceden a iniciar sesión. Y curiosamente al cabo de pocas sesiones comienzan a obtener resultados: raps, golpes de la mesa y movimientos varios. Establecen un método de comunicación con el supuesto Philip basado en el “un golpe si, dos golpes no” y todas las preguntas se respondían en base a la historia que ellos mismos habían inventado, gazapos históricos incluidos. Con el tiempo obtuvieron resultados espectaculares, la mesa no se limitaba a responder sino que cobraba vida propia, llegándolos a perseguir por la habitación con actitud juguetona o siguiendo el ritmo de la música.

Los estudios se alargaron durante varios años, durante los cuales se hicieron varias grabaciones, fotografías y se emitieron por televisión diversos programas tratando el tema.

Irish Owen nos relata sus sensaciones sobre  lo que experimentaron como grupo: Estamos seguros que cualquier grupo de gente suficientemente interesada y motivada puede autoentrenarse para producir fenómenos físicos. Quisiéramos, por supuesto, encontrar algún medio para descubrir cómo funciona en realidad, y para este fin continuaremos con este y otros experimentos similares. A menos que podamos conseguirlo, esto se convierte, para gran sorpresa, en ¡un ejercicio aburrido!

¿Crees en el poder de la mente? Os dejo un enlace para que juzgueis vosotros mismos.

Silvia Rossi

Philip experiment

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