La batalla de los Angeles

Una fotografía que apareció en el diario Los Angeles Times el día 26 hizo aumentar aún más la confusión, puesto que parecía advertirse, iluminado por los proyectores, un objeto circular. Si, aparentemente, no se trataba de un avión, ¿qué era en realidad? La prensa californiana denunció una «misteriosa reticiencia» de las autoridades militares para hablar del asunto y algunos se atrevieron a acusarles de haber establecido «una censura que impedía hablar sobre ello».

Al concluir la Segunda Guerra Mundial, el bombardeo fantasma de Los Angeles quedó ratificado por un documento militar secreto, que no sería desclasificado hasta 1974, firmado por el comandante en jefe de las Fuerzas Aliadas, el general George C. Marshall, y enviado al entonces presidente norteamericano, Franklin D. Roosevelt. El general Marshall fue el encargado de redactar el informe sobre el enigmático bombardeo de Los Angeles. En él reconocía no saber su origen.

Sin explicación.

Si algo evidencia este informe redactado por el general Marshall es que, en realidad, nadie tenía ni idea de lo que había ocurrido esa noche. El hecho de culpar de la acción a unos supuestos agentes enemigos, que habrían sobrevolado Los Angeles a bordo de aparatos comerciales, demuestra que Marshall debía encontrar rápidamente una explicación al incidente y apostó por esa historia tan inverosímil. En efecto, para proporcionar una historia capaz de dar respuesta a todos los interrogantes que se habían creado, se dijo que se trataba de aviones comerciales que habían sido tomados por infiltrados nipones en algún aeródromo mexicano o de la propia California. De este modo se eludía el hecho de que la Marina no hubiera detectado ningún avión enemigo procedente del Pacífico.

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“Estaba flotando allí en el cielo y apenas se movía. Fue una de color naranja pálido precioso y la cosa más hermosa que jamás haya visto nunca. Lo pude ver perfectamente porque estaba muy cerca. ¡Era grande!”   (Palabras de un testigo)

Fran González

 

 

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