ELISABETH BATHORY. LA CONDESA SANGRIENTA.

 

  Erzebeth Bathory (o Elisabeth Bathory), nació en 1560 en Transilvania, pertenecía a la familia Bathory, que eran magnates polacos que en 1575 se alzan hasta el trono de Polonia con el rey Esteban I Bathory (1533-1586), gracias a su matrimonio con Ana de Polonia.

condesa sangrienta

  Elisabeth era la sobrina del rey Esteban I de Polonia y con tan sólo 15 años se casa con su primo Ferencz Nadasky y tiene 4 hijos con él, tres hijas Ana, Úrsula y Catalina y un varón Pablo. Después de tener a sus hijos se desentiende totalmente de ellos, pues su única preocupación, es ella misma, lo que más teme es perder su juventud. Para realzar su belleza, porque era bella y mucho, se rodeaba de sirvientes tullidos y con malformaciones, Lliona era una jorobada entrometida que le contaba todos los chismes a su señora, Ficzko que era un enano cruel que no dudaba en realizar todas aquellas peticiones malvadas que la condesa le pedía y Dorko que era una bruja de las de verdad.

  A los 35 años la idea de envejecer la enloquecía y su crueldad alcanzaba entonces niveles alarmantes… Un día Ferencz la sorprendió pinchando con un largo alfiler los senos de otra sirvienta desnuda, con regueros de sangre bajando por el vientre. Cuando el Conde le pidió explicaciones, esta le dijo que la sirvienta le había contestado de manera grosera y el conde no le dio mayor importancia.

  En otra ocasión el Conde vió corriendo una muchacha desnuda por los jardines del castillo, iba con la cara desfigurada y cubierta de sangre, pero lo peor es que iba untada de miel, y los insectos la estaban devorando literalmente, cuando preguntó, le dijeron que era una sirvienta a la que la Condesa había castigado, el Conde no daba crédito.

  A los 44 años Elisabeth queda viuda, y es entonces cuando se desata la locura en el castillo de Cachtice. En su obsesión y desesperación por combatir la decadencia física, hace caso a sus sirvientes: para conservar su belleza debe bañarse en sangre de muchachas adolescentes siguiendo un riguroso ritual.

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  En el condado empezaron a desaparecer niñas y muchachas jóvenes, el párroco le proporcionaba sirvientas a cambio de dinero, lo que este no sabía era lo que sucedía con ellas una vez traspasaban los muros del castillo. Hasta que empezó a haber rumores de que se oían gritos desgarradores y llamadas de socorro tras los muros. El párroco se preocupó entonces y se infiltró en el castillo, lo que allí encontró le dejó horrorizado. En los sótanos del castillo había montones de huesos apilados y cadáveres mutilados y en descomposición, pero no dijo nada, se calló por temor a represalias convirtiéndose en cómplice de la Condesa.

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