El Diablo. - Narradores del Misterio

El Diablo.

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El Diablo.

La verdad es que empecé a escribir este relato en primera persona, pero después de revisar en Wikipedia  varias opiniones de grandes escritores que decían que escribir un relato corto en primera persona no era serio, decidí escribirlo en tercera persona tal como recomendaban, aunque yo estaba allí. De todas maneras cuando se trata de escribir sobre el Diablo, mejor no quitarle protagonismo que luego igual se cabrea y pasa lo que pasa.

 

Bien, la historia empezó más o menos así. Por lo menos esto es lo que dice el sumario del juicio.

Él decidió probar todas las formas de maldad humana, pero aplicadas a los nuevos tiempos (Después de aprender informática , quiso saberlo todo sobre el siglo XXI).

Tomó el cuerpo de un ejecutivo de poca monta, en una gran empresa de comunicación, no era un cuerpo estupendo, pero aún así pensó en pasar desapercibido. Eso si. Lo vistió de Armani, Versace y Dolce Gabana. Sería un poquita cosa, pero elegante.

Falsificar su currículum ya le llevó más tiempo, ya que con tantos nombres que tiene el Diablo, ¿Con cual se quedaba?. Al final se quedó con Juan Belcebú que sonaba como entre latino y eslavo, una mezcla perfecta en Estados Unidos como para ser candidato republicano.

Juan Belcebú, empezó a destacar con su creatividad, por encima de sus compañeros y de algunos de sus superiores. Recibió felicitaciones de la cúpula de la empresa, sus campañas lograron premios internacionales, todo iba muy bien, además sin usar su parte de cerebro diabólico, o sea que el chico valía por si solo.

Pero empezó el acoso, sus jefes intentaban desprestigiarlo, sus compañeros lo ignoraban y entre todos empezaron a desplazarlo. Belcebú, acostumbrado a todo tipo de maldad, aún así le sorprendió, estas marranadas le faltaban, y eso que llevaba 2000 años de euterio.

Antes de acabar en un psiquiatra, como le indicaba la parte de Juan, prefirió contratar un abogado laboralista-

Sabia por experiencia que los abogados eran lo mas cercano a la femineidad o maldad pero con una facturación mínima de $500 por hora. ¡Joder, él la maldad la hacía gratis desde el principio de los siglos!

Resistió a sus más atávicas costumbres de venganza y destrucción, e intentó comportarse como un ser humano normal, básicamente para aprender de que iba la maldad en los últimos tiempos.

Aconsejado por su letrado, Juan Belcebú, llevó a toda la plana mayor y menor a juicio (como Diablo recursos económicos no le faltaban). Pero las cosas no funcionaron como el esperaba, sus compañeros declararon contra él, sus superiores le acusaron de deslealtad a la empresa, ansias de notoriedad y de actuar en su propio beneficio.

Descubrió que el delito del que él los acusaba, se llamaba “Moobing”, aunque nunca nadie mencionó la palabra. Por lo visto no quedaba muy fino, ni tan solo su letrado lo mencionó, por lo visto era una palabra prohibida, y  anda que él no sabía de palabras prohibidas. En todos los libros sagrados, se hablaba de él sin apenas mencionarlo por su nombre.

Llegó un momento en que Belcebú, perdió la paciencia y al levantarse de su silla, lanzó llamaradas a todos los presentes causando una masacre total, bueno total no.

Ya que yo para guardar las apariencias, siendo un servidor del Diablo, como empleado y guardián de los juzgados. Disparé al aire varias veces, para guardar las apariencias y me largué por el conducto del aire acondicionado.

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Tiempo después, un tal James Leviatán, se matriculó en Derecho por la Universidad de Harward. En sus papeles de inscripción detallaba sus intenciones de convertirse en abogado laboralista.

Él es así.

Tom Roca

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