Conde Cagliostro ¿Genio o Farsante?

Cagliostro fascinó a todos con sus trucos de magia y sus ungüentos curativos, incluso llegó a elaborar un elixir de la eterna juventud. Se convirtió en la delicia de todo aquel que se lo pudiera permitir.

Seguía su camino triunfal

En 1779 inicia su paso por el ducado de Curlandia (la actual Letonia). Allá embaucó de tal manera a los oficiales masones del lugar que barajaron la posibilidad de proponerlo como gobernador de la región ante Catalina de Rusia.

Cagliostro rechazó hábilmente tal propuesta, pero no dudó en dirigirse a la corte, en San Petersburgo. Allá pudo aprovechar la fama que lo precedía, pero cuando la sagaz Catalina notó que el misticismo egipcio de Cagliostro empezaba a hipnotizar al duque Pablo. Su endeble primogénito y heredero, dio crédito al rumor que lo consideraba un espía del rey Federico de Prusia y decretó su inmediata expulsión.

Expulsión de Rúsia

Fue entonces cuando Cagliostro decidió instalarse en Estrasburgo. Allí sanó y alimentó gratuitamente a muchos pobres, lo que limpió su reputación. Paralelamente también aceptó la visita de adinerados pacientes. Un claro ejemplo fue la mujer del banquero Jacques Sarasin, cuya recuperación de unas fiebres desconocidas le reportó a Cagliostro un crédito bancario y una oportuna carta de agradecimiento en la prensa parisina.

El caso llegó a oídos del cardenal Rohan, próximo a la corte, que quedó rápidamente atrapado en sus redes, aquejado de asma y avaricia, Rohan llegó a participar, ataviado con capa y sombrero de brujo,  en los experimentos de alquimia del mago egipcio para engrandecer diamantes.

Retorno a Roma y torturado

De vuelta a Roma, donde fundó una nueva logia, fue traicionado por uno de sus miembros, Francesco de San Maurizio,. En realidad era un monje capuchino espía del Santo oficio. Lo delató y presento pruebas, algunas de ellas algo cuestionables, que contribuyeron a que fuera arrestado y torturado en el castillo de Santangelo.

Acusado entre otras cosas de adorador del diablo y blasfemo, gracias sobre todo a una declaración arrancada bajo tortura a su esposa. Fue obligado a presentarse con ropas de penitente ante la iglesia de Santa María, y adjurar de todos sus errores. A pesar de eso no fue perdonado. Fue condenado a muerte y se le encerró en la fortaleza de San León en Urbinon en espera del día de la ejecución. Es en este punto donde la historia se bifurca en dos posibilidades

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