UNA CITA CON LO DESCONOCIDO


Carlos llevaba ya algunos meses viéndose con Olga, una chica un par de años más joven que él a la que conoció en un pub de la ciudad tiempo atrás. Carlos y Olga últimamente estaban compartiendo cada vez más tiempo y sus gustos y aficiones, como leer o ir al cine a ver una buena película de intriga o de terror les estaba uniendo cada vez más. Por ello, Carlos decidió dar un paso adelante en la relación y decidió invitarla a tomar un café para proponerle que se fueran a vivir juntos.

CITA

Esa tarde el sol resplandecía con mucha fuerza en lo más alto del cielo y todo parecía estar como siempre. La gente por la calle iba y venía mientras Carlos esperaba a Olga en un Café al norte de la ciudad. Carlos, allí, sentado en una mesa junta a una ventana cerca de la puerta de entrada al establecimiento, esperaba, algo nervioso la llegada de su compañera. Minutos después Olga cruzaba la esquina con paso ligero y se dirigía al café. Cuando ya iba llegando a la puerta vio a Carlos y con una sutil sonrisa consumó el saludo a su especial amigo.


Una vez dentro se sentó frente a Carlos y con un tímido beso en los labios dio por iniciada la cita.

Olga: Oye, ¿Llevas mucho esperando?

Carlos: No, no, solo uno par de días (risas)

Olga: Exagerado. Oye ¿Por qué no vas pidiendo mientras voy al baño? Pídeme un café solo porfa.

Carlos: Vale.

Olga se levanta, le da otro beso en los labios a Carlos y se dirige al baño ante la atenta mirada de su compañero que observa absorto como esta entra en el baño de señoritas del local.

Unos segundos después, Carlos, de vuelta a la realidad, llama al camarero con un sutil movimiento de mano que llama su atención inmediatamente.

Camarero: Buenas tardes, ¿Qué va a tomar el caballero?

Carlos: Para mí póngame un descafeinado de sobre y para la señorita un café solo.

Camarero: descafeinado y café solo, listo.

El camarero anota en su pequeño cuaderno el pedido y se retira hacia la barra del bar donde ordena la comanda a su compañero que se encuentra dentro de la barra.

Un minuto después, el camarero vuelve a la mesa y sirve a Carlos su descafeinado y el café como había pedido y se retira hacia la barra.

Carlos pensando que Olga se estaba demorando demasiado en el baño decide avisarla y saca su teléfono móvil y le manda un mensaje de wassap.

Mensaje de wassap de Carlos a Olga: Olga, ya está el café esperándote, no te tardes o te lo tomarás frio… o peor aún sola, xd.

Carlos observa en la pantalla de su teléfono que Olga ha leído su mensaje, pero Olga sigue sin salir del baño. Carlos vuelve a mandar otro mensaje.

Mensaje de wassap de Carlos a Olga: ¿Estas bien?, ¿Te pasa algo?

Y vuelve a aparecer como mensaje leído, pero Olga no sale del baño.

Carlos comienza a impacientarse y cada vez toma sorbos más largos de su taza. Empieza a mover su pie al ritmo de los latidos de su corazón. Comienza a observar a las personas que se encuentran dentro del café. El camarero que está dentro de la barra secando unos vasos, el camarero que le sirvió se encuentra dialogando con un cliente unas mesas más al fondo y un par de señoras de avanzada edad que toman un café en un rincón del establecimiento.

Carlos empieza a notar un sudor frio que le corre por la frente su mirada ahora es la de una persona desesperada a la que le falta el aire. Después de varios amagos, Carlos se decide y se levanta con determinación en dirección al baño de señoras donde Olga entró momentos antes.

Una vez frente a la puerta, Carlos acerca ligeramente la cabeza e intenta escuchar algo al otro lado de la puerta, pero no se oye nada.

Carlos mira a su alrededor y observa que todos siguen a lo suyo sin prestar atención a su desesperada situación.

Es en ese preciso instante cuando Carlos comienza a tener una serie de pensamientos que le llevan a una encrucijada.

Preguntas como ¿Estoy siendo un poco exagerado?, ¿Será una broma de Olga? O ¿Realmente le ha pasado algo?

Carlos: Si, eso debe ser, tiene que haberle pasado algo, no es normal, esto ya no es normal, pero ¿Por qué tarda tanto?

Carlos decide actuar y se decide primero, con una llamada casi inaudible para acabar aumentando el tono de su voz y golpeando la puerta con un poco de más fuerza. Es entonces cuando se da cuenta que el camarero que se encuentra tras la barra lo mira pero, tras unos segundos estudiando la situación, éste decide volver a sus quehaceres.

Carlos ya, a estas alturas, se encuentra muy angustiado y tras unos segundos titubeando y tras varios intentos de acercar la mano al picaporte, finalmente se arma de valor y abre la puerta del baño.

Una vez dentro, Carlos se encuentra totalmente solo en el baño, un pequeño habitáculo cerrado a cal y canto por cuatro paredes de azulejos y un techo blanco. Ni una ventana que pudiera dar explicación a tan extraña desaparición.

Los ojos de Carlos se quedan clavados en el suelo del baño, allí, en la penumbra de la habitación, un silencio desgarrador roto de repente por la voz de una de las ancianas que se encontraban en el Café.

Anciana: Oiga señorito, está usted en el baño de señoras, haga el favor de salir inmediatamente.

Carlos, se da la vuelta y mira a la anciana con la mirada perdida. Y solo acierta a decir…

Carlos: ¿Qué?

Anciana: ¡Camarero!, ¡Camarero!, ¡Hay un pervertido en el baño de señoras!

La figura del camarero aparece y se coloca al lado de la anciana.

Camarero: Señor, creo que se ha equivocado de baño.

Carlos: No, no me he equivocado, ¿Dónde está mi amiga?

Camarero: Disculpe señor, no le comprendo. ¿Qué amiga?

Carlos: Joder, sí, mi amiga, la que hace un momento acaba de entrar en este mismo baño (señalando con la mano abierta el mismo suelo en el que se encontraba de pie para dar más fuerza a su afirmación y levantando la voz a un tono al cual todos los que se encontraban dentro del Café pudieron oírlo).

Las voces animaron a todos a acercarse al baño donde estaba transcurriendo tan insólito espectáculo.

Camarero: Señor, por última vez, salga del baño.

Y acercando poco a poco la mano hacía la figura temblorosa de Carlos, lo sujeta del brazo suavemente pero con firmeza hasta sacarlo hacia afuera.

Una vez fuera del baño, el camarero acompaña a Carlos a su asiento.
Camarero: Señor, ¿Se siente ya más calmado?

Carlos nota como todas las personas del bar se mantienen en silencio expectantes a sus palabras…

 

Y aunque se le pasaron muchas cosas por la cabeza, finalmente decidió no decir nada. Carlos pagó la cuenta y sencillamente se marchó. 

Ya de camino a su casa y algo más calmado, comenzó a pensar en todo lo acontecido durante la tarde, hasta el más mínimo detalle. Todo eso tenía que tener una explicación, o al menos eso quería pensar él. Pero por mucho que pensaba no llegaba a nada, a ninguna conclusión.

Una vez dentro de su casa, el indeciso novio decide llamarla. Tras unos interminables tonos, finalmente Olga responde a la llamada.

Olga: ¿Carlos?, ¿Dónde te has metido?

La voz de Olga se nota entre sollozos y entrecortada. Carlos queda estupefacto y tarda unos instantes en contestar.

Carlos: ¿Dónde estás?, No entiendo nada.

Olga: Carlos, por favor, ven a buscarme, estoy muy confusa y no sé qué me está pasando. No entiendo nada, por favor ven.

Olga cada vez está más alterada y su voz denota autentico terror.

Carlos: Pero dime, ¿Dónde estás?, ¿Dónde fuiste cuando entraste en el baño?

Olga: No lo sé por Dios… ven…

Carlos: A ver, tranquila, dime, ¿Sigues en el Café?

Olga: No, estoy en la calle del café pero todo es diferente, no sé qué ha pasado. Tengo mucho miedo…

Carlos: Quédate ahí, en seguida voy.

Carlos sale corriendo hacia la calle en dirección al Café pero en su interior algo le dice que Olga no estará en la calle.

Una vez allí, efectivamente, Carlos no ve a Olga por ninguna parte y decide volver a llamarla.

Carlos: Dime Olga, ¿Dónde estás? ¿No te veo?

Olga: Aquí mismo, pero no te veo.

Carlos: A ver, cálmate, tranquila, mira, vete a la esquina de la calle, la que está en la misma acera del Café y ahí nos veremos.

Carlos comienza a caminar en dirección a la esquina la cual se encuentra a unos veinte pasos. Cada paso que da un escalofrió más grande le va invadiendo toda la espalda. Finalmente, Carlos llega a la esquina pero Olga no está allí. Totalmente desconcertado, Carlos se lleva el teléfono al oído y escucha…

Olga: Ya estoy en la esquina, pero ¿Dónde estás? ¿Carlos?, ¿Carloooos?…

La Teoría de los universos paralelos, la llamada Teoría elegante, para desgracia de Carlos y Olga, decidió aportar una prueba de su existencia justo en el instante en el que ambos pasaban por allí.

JESUS GIRALDO

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