U-65. EL SUBMARINO MALDITO

Corría el años de 1886, en el astillero de Hamburgo se iniciaba la construcción de seis submarinos que irían del número U-60 a U-65, y todo ello con el fin de potenciar a la “Kaiserliche Marine”, el intento del Kaiser Guillermo II de ganar en poder a la flota de la “Marina Imperial” británica.

Los submarinos fueron terminados en 1917, pero desde el inicio de la construcción, uno de ellos, el U-65 comenzó a fraguar una leyenda negra a base de una cadena de extrañas e inexplicables muertes.

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En 1916 un operario murió a consecuencia del golpe de una viga. Poco después, en enero de 1917, mientras era probado en mar abierto, tres tripulantes quedaron atrapados en la sala de máquinas al atascarse la puerta, murieron asfixiados, al acudir a su rescate la puerta se abrió sin dificultad.

En el transcurso de unas maniobras, el Capitán ordenó a un marinero inspeccionar las escotillas y la cubierta antes de efectuar una inmersión. El mar estaba calmado y no soplaba brisa alguna, el vigía vio como el marinero tranquilamente, y sin mediar palabra, comenzó a andar por la cubierta y se lanzó al agua junto al remolino de las hélices. El capitán continuó con las maniobras y mandó sumergirse la nave, pero el submarino no respondió, y comenzó a hundirse sin control hasta tocar fondo, donde se mantuvo durante 12 horas. La tripulación aterrada y con el fantasma de la maldición por todo lo ocurrido en sus cabezas, están convencidos de que a llegado su hora, sorprendéntemente y sin explicación aparente el submarino sale a flote.

El submarino regresa al astillero para su comprobación, no detectándosele ninguna anomalía, mientras lo arman, un torpedo estalla matando a un oficial y 8 marineros.

En pleno combate, y con la muerte del capitán en la contienda, el total de la tripulación se expone a un consejo de guerra al negarse a embarcar en el U-65, todos están convencidos de que sobre el submarino recae una maldición. Finalmente los altos mandos deciden enviar un sacerdote a la nave para exorcizarla.

El ritual no dio ningún resultado, ya que aquella misma noche, un artillero afirmó ver al fantasma de uno de los oficiales muertos sobre la cubierta, y por la mañana un marinero apareció muerto tras suicidarse en la sala de máquinas, mientras otro perdía una de sus piernas en un extraño accidente.

A tan solo cuatro meses del fin de la gran guerra, y mientras estaba emergido, fue interceptado por un submarino americano llamado L-2, cerca de las costas irlandesas. El capitán americano, antes de dar la orden de lanzar un torpedo, afirmo haber visto un oficial con los brazos cruzados en la cubierta, una visión que le produjo escalofríos, curiosamente una imagen muy parecida al fantasma que varios marineros afirmaban haber visto. Antes de dar la orden de “fuego” el U-65 saltó por los aires. El capitán corrió a buscar al responsable de abrir fuego sin su orden, pero se comprobó que ningún torpedo había sido disparado.

El misterio del final del submarino no hizo sino alimentar aún más la leyenda del U-65, el submarino maldito.

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Meses después, al acabar la guerra, aparecieron testimonios de varios marinos que habían desertado del U-65 y que narraban como veían extrañas luces en el interior, otro incluso afirmó que una mano helada le había tocado la cara, y como la mayoría de la tripulación había solicitado traslado a otro submarino.

En él informe de investigación emitido por la marina admitían que  “en algún momento el submarino había efectuado maniobras inexplicables que escapaban al control y conocimiento de sus experimentados tripulantes”.

Fran González

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