SECTAS. Mi crónica del programa de ayer.

El primer suicida al que la Historia dedica unas líneas es Periandro (siglo VI a.C.), uno de los Siete Sabios griegos. Diógenes Laercio contó cómo el tirano corintio quería evitar que sus enemigos descuartizaran su cuerpo cuando se quitara la vida. El monarca eligió un lugar apartado en el bosque y encargó a dos jóvenes militares que le asesinaran y enterraran allí mismo. Pero las órdenes del maquiavélico Periandro no acababan ahí: había encargado a otros dos hombres que siguieran a sus asesinos por encargo, les mataran y sepultaran un poco más lejos. A su vez, otros dos hombres debían acabar con los anteriores y enterrarlos algunos metros después, así hasta un número desconocido de muertos. En realidad, el plan para que el cadáver del sabio no fuera descubierto era brillante, pero en lugar de un suicidio tenía visos de masacre colectiva.

periandro

En el programa de ayer, vimos a través de los ojos de un niño de trece años, todo cuanto aconteció allá por el año 1978 en la comunidad de Jonestown, o la Comunidad Agrícola del Templo de Dios, nombre que el líder de la secta había elegido para el lugar. Más de novecientas personas se suicidaron, o directamente fueron asesinadas, entre ellos doscientos niños, gracias a las locuras de uno de esos tantos iluminados que tan a menudo circulan por este planeta.

He escuchado la entrevista varias veces, he intentado ponerme en el lugar del líder de la secta, quizás para intentar comprender que se esconde tras la maldad humana, de las víctimas, de que provocó ese momento de debilidad mental  en el que se encontraron cuando fueron captados por la secta, no nos engañemos a menudo la fe es el único consuelo para aquellos que ya han perdido la esperanza en todo lo demás. También me he puesto en lugar de los oyentes, los que se han estremecido con la historia, y pensar que algunos de ellos, inconscientemente,en cierta manera también están al servicio de su secta particular.  Y he reflexionado en la palabra secta,  he buscado su definición y las he encontrado para todos los gustos, pero más o menos la más generalizada sería  “conjunto de seguidores de una doctrina religiosa o ideológica, extremadamente perjudicial para los miembros que lo componen” Es curioso, si alguien me diera esa definición, se me ocurrirían decenas de conceptos, incluido el de secta, por supuesto, pero no solo ese-

Todos hemos visto a familiares orgullosos porque sus hijos se han inmolado con explosivos llevándose consigo la vida de muchos infieles, incluidos niños. En este país, sin ir más lejos, hasta no hace mucho, el mayor honor era morir por Dios y por la patria. He visto personas que han gastado todos sus ahorros, solicitado préstamos que nunca podrán devolver o perder su trabajo, otra forma de suicidio, por asistir a la gran final de su equipo de fútbol favorito, y quien más o quien menos sigue idolátricamente a líderes políticos o sociales, estandartes o banderas por los que estarían dispuestos a dar su vida y quitar la de los demás. Acaso eso no serían también sectas? Lo que sucedió en Port Kaituma fue horrible, aterrador, pero muchas de las cosas que hoy día suceden a nuestro alrededor tampoco están demasiado lejos de aquella barbarie, y que yo sepa a nadie se la ha ocurrido llamar al cristianismo, al islam, a los Estados Unidos, a Israel o a Siria, y solo cito unos pocos ejemplos, sectas. Y por favor que nadie se sienta ofendido, no hablo de individuos, sino de conceptos, me podeis creer si os digo, que hasta en aquellas que pudieran ser consideradas sectas peligrosas y totalmente destructivas, he conocido a personas maravillosas.

jonestown  El reverendo Jim Jones con algunos de los 200 niños asesinados en su secta.

Jim Jones seguro que se creía a sí mismo un iluminado, un elegido de Dios. Cuidado, porque alguien dijo una vez que “el Diablo a menudo se aparece como Angel de luz”

Fran González

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