PERCY FAWCETT Y SU CIUDAD PERDIDA

Cuentan de él que fue uno de los más grandes exploradores del siglo XX, posiblemente el más grande, no en vano, su vida sirvió de inspiración en la creación del personaje de Indiana Jones. Cartografío gran parte de Sudamerica, principalmente Bolivia y Brasil, grandes desconocidas en aquellos tiempos, fue presidente de la Real Sociedad Geológica del Reino Unido, y en sus diferentes y múltiples expediciones se enfrentó a los grandes peligros de la selva, animales feroces y venenosos, nativos hostiles y enfermedades mortales. En sus últimos años, al menos aquellos de los que tenemos constancia, Percy Fawcet se embarcó en la búsqueda de lo que se convertiría en su obsesión, La Ciudad Z.

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Fue durante los últimos años de sus diversas expediciones en los que Fawcett comenzó a obsesionarse con la idea de civilizaciones perdidas en el Amazonas. No era la primera vez en la que Fawcett quedara fascinado con algún misterio, anteriormente y al parecer después de haber encontrado un antiguo mapa, paso años buscando un tesoro  perdido en las selvas de Ceilán, (la actual Sri Lanka).  Sería en 1920 cuando Fawcett encontró unos documentos del siglo XVIII en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, supuestamente pertenecieron a un explorador portugués que había afirmado haber encontrado una ciudad amurallada muy parecida a las de la antigua Grecia, rodeado por altas montañas en lo más profundo de la selva brasileña. Los documentos cautivaron a Fawcett, que estaba convencido de la existencia de la ciudad perdida, y a la que él llamaría “Z”.

Después de recopilar información sobre la supuesta “Ciudad Z”, Fawcett se convenció a si mimo de que algunos supervivientes de la Atlántida había llegado hasta Sudamerica construyendo una nueva civilización en la selva de Brasil. Esta teoría se vio reforzada cuando Fawcett recibió una reliquia de la selva en forma de una figura de basalto de color negro de unos 20 centímetros. Fawcett, que había pasado muchos años estudiando el ocultismo, solicitó la ayuda de un psicometrista, estudioso de las variables de las psique humanas. El psicometrista informó a Fawcett que el ídolo de basalto era de la Atlántida, esta era la prueba definitiva.

En una carta dirigida a su hijo Brian, Fawcett le hace una descripción de la ciudad perdida de Z, descripción de la cual desconocemos si no era más que fruto de la imaginación del explorador.

“Espero que las ruinas sean de carácter monolítico, más antigua que los descubrimientos antiguos egipcios. A juzgar por las inscripciones que se encuentran en muchas partes del Brasil, los habitantes utilizan una escritura alfabética parecida a las europeas y a las asiáticas antiguas. Hay rumores que dicen que una extraña fuente de luz sale de sus edificios, un fenómeno que llenó de terror a los indios que decían haberlo visto.”

“El lugar central que yo llamo “Z”, que es nuestro principal objetivo, se encuentra en un valle coronado por montañas altas. El valle es de unos diez kilómetros de ancho, y la ciudad está en medio de ella. Las casas son bajas y sin ventanas, y hay un templo piramidal. Los habitantes son bastante numerosos, tienen animales domésticos, y minas bien desarrolladas en las colinas circundantes. No lejos de allí hay una segunda ciudad, pero las personas que viven en ella son de un orden inferior a los “Z”. Más al sur se encuentra otra ciudad grande, medio enterrada y destruida por completo.”

Fawcett efectuaría una primera expedición en busca de la ciudad en 1.921, resultó ser todo un desastre, al igual que las que le siguieron, las dificultades con las que constantemente se encontraban, él y el grupo que lo acompañaba, les hacía desistir una y otra vez.

En abril de 1925, decidió definitivamente encontrar la Ciudad Z, aunque esta vez mejor equipado y preparado. Junto a él fueron su buen amigo Raleigh Rimell, su hijo mayor, Jack Fawcett, dos trabajadores brasileños, ocho mulas, dos caballos y un par de perros. La expedición estaba bien equipada y financiada por diferentes sociedades científicas y periódicos. El recorrido también estaba meticulosamente trazado y planeado, aparentemente nada podía salir mal. La expedición se embarcó el 20 de abril de 1925.

La expedición llego a un lugar llamado Dead Horse, apodado así porque había tenido que disparar a un caballo allí en una expedición anterior, y donde Fawcett proclamó:

“Saldremos de esta región dentro de unos días… No debemos cometer fallos”.

Con esas palabras, la expedición siguió adelante en la selva inexplorada. Iba a ser lo último que se supo de ellos.

Dado lo publicitada de la expedición,  tras dos años sin noticias, la gente comenzó a preguntarse qué sería de ella, y los rumores de que Fawccet y su equipo habían sido asesinados por tribus nativas, animales salvajes o que habían sucumbido a alguna enfermedad no tardaron en hacerse eco.

El hijo de Fawcett, Brian, hizo dos viajes a la región para tratar de averiguar lo que había pasado. Durante uno de sus viajes, en Lima, Perú, un viajero francés le dijo que en la selva de Minas Gerais, un estado de Brasil cerca de Mato Grosso, encontró un anciano que dijo se Fawcett. El francés nunca había oído hablar del explorador y no fue hasta que habló con Brian que supo de su historia.

En las décadas siguientes hubo numerosas expediciones que buscaron respuestas al misterio de Fawcett, con un alto coste, en total 13 expediciones donde más de 100 personas perdieron sus vidas.

Sin duda, para los amantes del misterio el final de la historia sería que  Fawcett encontró la apertura a una gran ciudad subterránea, donde sigue viviendo hasta nuestros días ¿Y quizás fue así? Pues durante los años que siguieron los familiares del explorador recibieron algunas misteriosas cartas. Una de ellas fue recibida por el hijo menor de Fawcett, Brian, en 1952. La carta era supuestamente de un colono alemán que vivía en Brasil y que decía:

“Su padre y su hermano fueron almas adoradas por los indios y están viviendo en las ciudades subterráneas…”

Otra carta fue enviada en el año 1956 al Dr. Henrique de Souza, presidente de la Sociedad Brasileira de Teosófica. La carta en este caso era muy similar a la recibida por Brian, afirmando que Fawcett todavía estaba vivo y viviendo bajo tierra en “una ciudad subterránea en la Serra do Roncador, en Mato Grosso”.

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¿Encontró Fawcett la ciudad Z? ¿Murió en la selva? Nadie lo sabe, pero la desaparición de Percy Fawcett  y su grupo ha pasado a engrosar la lista de los grandes misterio del siglo XX.

Fran González

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