PARACELSO. El médico alquimista.

Al parecer su aspecto físico no era demasiado agraciado, bajo, gordo, calvo y cheposo,  provocaba un rechazo casi instintivo en la gente, sin embargo, su inteligencia le hizo estar siempre del lado de los desfavorecidos y de los débiles. Nació en Suiza en 1493, su verdadero nombre fue Theophrastus Bombast Von Hohenheim, sin embargo adopto el nombre de Paracelso, “superior a Celso”, su supone que haciendo referencia a un médico romano del primer siglo de nuestra era. Aunque también podría ser que se tratara de una transcripción de su nombre alemán al latín “lugar elevado”

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Varios miembros de su familia habían sido médicos por lo que él decidió seguir la tradición familiar, sin embargo al joven Aureolus no parecieron gustarle demasiado las normas de la medicina medieval. Con una mentalidad abierta y adelantada a su tiempo, renunció al saber rígido y frio de las universidades, prefiriendo la experimentación y el trato directo con el enfermo. Así comenzó su mala fama, fruto de la envidia de los médicos tradicionales, celosos de sus éxitos profesionales. La leyenda negra que desde siempre rodeó a Paracelso le convirtió en un prófugo, perseguido por la sociedad intolerante e ignorante en que le tocó vivir, siendo acusado en numerosas ocasiones de nigromante y adorador de Satán.

Todo esto fue falso, aunque si es verdad que durante sus viajes tuvo ocasión de estudiar la cábala y alquimia. Prueba de su buena fe es la utilidad práctica que le dio a los principios químicos aplicados a la medicina de la época.

Médico, alquimista y astrólogo creía en el concepto griego de los 4 elementos (agua, tierra, aire y fuego) y relacionaba a estos con en la existencia de seres fantásticos, en los que también creía firmemente, a cada uno de ellos correspondía un elemento: a los gnomos correspondía la tierra; a las nereidas el agua; a los silfos el aire y a las salamandras el fuego. También creía que el cosmos giraba en torno a tres sustancias espirituales: el mercurio, el sulfuro y la sal que de alguna manera definían la identidad humana: el sulfuro representaba al alma, la sal al cuerpo y el mercurio el espíritu.

En el campo de la alquimia, se decía que Paracelso fue el primero que logró transmutar el plomo en oro a través de métodos alquímicos. También pronto se hizo famoso al afirmar que había logrado crear un homúnculo, es decir un “hombrecillo” creado artificialmente por medio de la alquimia, mientras intentaba encontrar la piedra filosofal. Era además afín a la filosofía hermética y todos sus estudios estaban relacionados con el saber hermético.

Como médico hizo grandes contribuciones a la disciplina siendo el primero en utilizar químicos y minerales, por ejemplo, a Paracelso debemos el Láudano que era utilizado en aquel entonces para reducir los dolores; además combinaba todos estos conocimientos con su visión hermética del mundo: mencionaba que el bienestar emocional redundaba en el bienestar físico, esta idea no es desconocida en el siglo XXI pero en pleno siglo XVI resultaba una completa locura hablar en estos términos, así que podemos afirmar que Paracelso fue todo un visionario que se adelantó por mucho a su tiempo.

Paracelso también fue conocido como “el médico maldito”. Se vio obligado a un continuo vagar por media Europa, lo normal era que su estancia no pudiera prolongarse más de unos meses, ya que pronto se corría la voz de un médico nuevo que curaba de una forma extraña, lo cual levantaba las iras del gremio médico de la ciudad que le acogía. Las presiones de todo tipo, incluso físicas, hacían que se fuera a otro lugar.

Afortunadamente no todos fueron enemigos en su camino, el famoso  humanista Erasmo de Rótterdam le protegió y le tuvo como médico personal, logrando que desempeñara el cargo de médico oficial de la ciudad de Basilea.

Finalmente un príncipe alemán le ofreció un puesto en su corte, él aceptó encantado, cansado de ir de un lado para otro. Se estableció en la ciudad de Salzburgo, donde se dice que murió asesinado unos pocos años después con el fin de robarle. Aunque el ladrón no logró llevarse casi nada, todos sus bienes, logrados después de muchos sacrificios, se los legó a los pobres y vagabundos de la ciudad. Corría el año 1541.

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 Muchos misterios rodean su nombre, se dice que el fue el verdadero fundador de la Orden de los Rosacruces y que Cristian Rosacruz no era más que un pseudónimo para ocultar la verdadera identidad de Paracelso al frente de dicha sociedad.

Fran González

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