PACTAR CON EL DIABLO. Mi crónica, la reflexión del programa.

Cuentan, que en el siglo VI, un clérigo llamado Teófilo el Penitente, firmó un pacto con el diablo con su propia sangre, y renunció a sus creencias cristianas para que el diablo le otorgase el “regalo” para que fuera nombrado obispo. La historia no nos cuenta si Teófilo llegó a ser obispo, ni cual era el regalo del Diablo. Cuanto menos, si que resulta contradictorio que el clérigo estuviera dispuesto a renunciar a una fe de la que al mismo tiempo aspiraba a convertirse en líder. Aunque pensándolo bien, quizás no lo sea tanto, seguro que todos hemos visto a personas renunciar a ideales de toda una vida con la finalidad de alcanzar su minuto de gloria.

teofilo

Mi reflexión de hoy me gustaría hacerla bajo el punto de vista de considerar al Diablo como una entidad real, no como concepto social o espiritual, sino como ese ser que convertido en príncipe de la tierra, un día decidió revelarse contra Dios y fue arrojado al infierno, su residencia eterna.

Imaginemos que es posible pactar con el diablo, e imaginemos que el Diablo es capaz de tentar a los humanos con posesiones terrenales a cambio de su alma, y por último, imaginemos a un padre de familia con el que la crisis se ha cebado hasta sus últimas consecuencias, sin trabajo, sin hogar , sin nada para alimentar a sus hijos, sin esperanza.  Si a este humano un día se le apareciera el diablo ofrenciéndole un pacto, riqueza a cambio de su alma ¿que decisión tomaría este padre de familia? ¿pactaría con el Diablo? Seguro que sí, en su desesperación entregaría, su vida, su alma y todo lo que fuera necesario. Y llegados aquí, algunos os preguntaréis para que necesita el diablo un alma, y en especial el alma de alguien que ha sido deshauciado hasta por la sociedad.

Si consideramos aquella frase que dice “por sus obras los conoceréis”, llegaremos a la conclusión de que el Diablo no necesita mas lideres espirituales, económicos o políticos, de estos, estén a su servicio o no, en realidad le sobran, pero si necesita obreros. A menudo, pienso que la existencia no es más que una partida de ajedrez, una partida en la que Dios y el Diablo, o el bien y el mal, son sus jugadores y la tierra su tablero, ¿nosotros?, nosotros somos las piezas. Y en toda partida de ajedrez se necesitan peones, cuantos más conserves mejor, porqué llegará un momento, en que para salvar al rey o la reina se necesitarán peones a los que sacrificar. Quizás ese sea el motivo, el diablo, supongo que al igual que Dios, necesita muchos peones a los que sacrificar en esa absurda partida ,cuyo significado posiblemente nunca lleguemos a entender.

ajedrez

Constantine- Detective, y si le dijera que Dios y el Diablo tienen una pugna, una apuesta firme por ganarse a todas las almas de la humanidad. 
Angela- Le diría que tomase su medicación. 
Constantine- Finja creerme, tienen prohibido el contacto directo con humanos, es la única regla. Solo influencia y a ver quién gana.

“Dialogo de la película Constantine”

 

Fran González

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