MARY BELL: LA NIÑA ASESINA

Mary Bell nació en Newcastle, Inglaterra, en 1957. Es hija ilegítima de Betty Bell, que contaba con 17 años de edad cuando la tuvo, y que ejercía la prostitución, lo que la obligaba a ausentarse a menudo para poder trabajar en Glasgow, y de Billy Bell, un delincuente al cual llamaba tío, para que así la madre pudiese cobrar el subsidio del estado.
El 11 de Mayo de 1968 junto con su amiguita Norma, se comienza a destapar su carácter agresivo y su comportamiento destructivo. Tenía 11 años. Su primer intento de asesinato se produce cuando empuja a un niño de tres años que estaba jugando encima de un muro. Afortunadamente el crio sólo quedo magullado, pero parece que eso la envalentonó y, unos días más tarde, el 25 de Mayo, un niño de cuatro años de edad, Martín Brown, fue hallado muerto en misteriosas circunstancias mientras jugaba con Mary y con Norma. La policía cerró el caso alegando que el pequeño había fallecido después de ingerir unas pastillas de un frasco que habría encontrado por la calle.
Al día siguiente, el padre de Norma sorprende a Mary intentando estrangular a una de sus hijas, y ese mismo día Mary y Norma comenten actos vandálicos en la guardería de Newcastle, destrozando la sala de juegos y escribiendo en las paredes: “hemos matado a Martín Brown joder os bastardos” con algunos errores gramaticales. La policía llego a la conclusión de que se trataba de un acto vandálico, que querían hacer una broma de mal gusto. Después de esto las maestras instalaron una alarma en el recinto, y poco después Mary y Norma fueron sorprendidas por la policía mientras trataban de desactivarla. Se las llevaron a sus respectivas casas, imagino que pensando que se trataba de una gamberrada sin más.
Una semana más tarde cerca de la guardería, un chico que pasaba por ahí vio como Mary le pegaba un puñetazo en un ojo a su amiga Norma mientras gritaba: “soy una asesina! Esa es la casa donde he matado…” Mientras apuntaba con un dedo la casa en la que fue encontrado Martín Brown.
En el verano del ’68 en Scotswood, localidad cercana a Newcastle, desapareció Brian Howe de tres años de edad. La noticia conmocionó a la pequeña localidad, y una vez que la policía localizó el cuerpo entre unos bloques de cemento, comenzó a interrogar a niños de edades comprendidas entre los tres y los quince años, porque al examinar el cuerpo se dieron cuentas que, aunque se habían ensañado con el pobre crio, la fuerza que habían utilizado era poca.
En el interrogatorio Mary afirmó haber visto al pequeño Brian jugando con un niño de ocho años, y que había visto como este le golpeaba sin motivo aparente. También dijo que lo había visto juguetear con unas tijeras rotas pero, las describió tan detalladamente que enseguida los investigadores se dieron cuenta de que tanto ella como su amiga Norma tenían que haber visto el cadáver, y que probablemente o ella o su amiga tenía que ser la asesina. En un segundo interrogatorio, y al sentirse acorralada, Mary intenta culpar a su amiga Norma de ser la mano ejecutora.
Contó que iban las dos por la calle cuando Brian las alcanzó, y ellas se las arreglaron para que las siguiese, y así llevarlo hacia una zona apartada, cerca de los bloques de cemento donde fue encontrado. Una vez alejadas de la gente Norma agarró al niño por el cuello y empezó a apretar hasta que los nudillos se le quedaron blancos. Como Brian se intentaba soltar, Norma terminó cogiendo un tronco de madera y lo golpeó fuertemente en la nuca, de tal forma que lo mató instantáneamente. Dejaron el cadáver y se volvieron para sus casas, donde se agenciaron una tijeras, una cuchilla de afeitar y un bolígrafo (para escribir en la barriga de Brian), regresando al mismo sitio donde habían dejado el cadáver. Una vez allí Norma le cortó el el pelo al pequeño con las tijeras, y de paso, intentó cortarle una pierna y una oreja con la cuchilla de afeitar. Pero al ver que alguien se acercaba, un hombre, escondieron la cuchilla debajo de uno de los bloques y tiraron las tijeras cerca del cuerpo. Más tarde las dos amiguitas ayudarían a la hermana de Brian a buscar a el niño, y fue ron ellas las que sugirieron que el pequeño podía encontrarse entre los bloques de cemento.
Esta confesión era real sólo que Mary había invertido los papeles al hacer las declaraciones a la policía. Pensaba que así, declarandose simplemente cómplice se podría librar de la cárcel. Las dos niñas acabaron en la cárcel de Newcastle
El cuerpo fue encontrado en unas condiciones espantosas, cubierto de hierba, con los genitales parcialmente destrozados, estrangulado y con una M en el pecho, marca que se hizo con la cuchilla de afeitar.
Muchos psiquiatras se encargaron de investigar y estudiar a Mary, y todos acordaron que se trataba de una niña inteligente, manipuladora y peligrosa, que no demostró ningún tipo de remordimientos ni culpabilidad, manteniendo una actitud fría en todo momento, incluso en la cárcel. El ambiente que vivía en su casa no la ayudó. Se demostró que incluso ingería drogas de las que sus padres tenían en casa, y salió a relucir que como continuaba mojando la cama, su madre le solía meter la cabeza en el wc para castigarla, además de sacar el colchón por la ventana para que todos pusiesen verlo.
Mary no fue una reclusa modelo: en 1970 acusó a uno de los guardias de haberla violado, hecho que fue demostrado como infundado, y en 1977 consiguió escaparse de la cárcel junto con otra reclusa, aunque su fuga duró poco, exactamente 48 horas. Durante este corto periodo de tiempo Mary conoció a un chico con el que mantuvo relaciones sexuales, hecho que, una vez devuelta a prisión, relató a la prensa inglesa con todo lujo de detalles: como perdió la virginidad la niña asesina.
Cuando finalmente acabó la condena y salió de la cárcel, su madre la obligo a prostituirse para poder vender la triste historia de su hija a los medios.

En el año 1984 se le dio una nueva identidad para proteger a su hija recién nacida, aunque desde entonces ha tenido que cambiar al menos tres veces de identidad, cada vez que era identificada. Fue abuela en 2009, y la orden de protección de identidad incluye a su nieto.

Yo me quedo con las palabras de la Sra. Richardson , madre de Martín Brown, al enterarse de que había sido abuela: ” yo nunca veré a los nietos de mi hijo. Sólo espero que cada vez que ella mire a su nieto se acuerde de que en nuestra familia siempre nos faltará por lo que ella hizo”.

Silvia Rossi

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