Madame Lenormand. La vidente de Napoleón

“Vos podréis ejercer un poder soberano en el ejército y quizá más allá en la sociedad“, vaticinó, presuntamente, la pitonisa Marie-Anne Adelaïde Lenormand a un joven general glorioso por sus hazañas en el sitio de Toulon. El militar, que no era otro que Napoleón Bonaparte, le respondió sorprendido que no esperaba tanto, pero que se creía “con suficiente mérito como para obtener un puesto de mando”.

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La anécdota había sido supuestamente narrada por el propio Napoleón a un amigo un día que salía del Ministerio de la Guerra. Le habló también del talento profético y el físico de mademoiselle Lenormand: “Es una joven poco agraciada, pero con cierto atractivo; los ojos muy vivos y una actitud descuidada”.

Marie Anne Adelaïde Lenormand fue una tarotista francesa nacida en 1772, en los albores de la revolución francesa que tan decisiva será después en su vida. Recibió una educación distinguida y desde niña destacó por su gran vivacidad y su gran intuición. Con sólo 7 años empezó a predecir el futuro de sus compañeros.

Con 18 años se trasladó a París donde conoció a Madame Gilbert que le enseña las técnicas adivinatorias del tarot de Etteilla. Poco después, Maria Anne Lenormand monta su propio gabinete de videncia. Será en ese gabinete donde entra en contacto con tres de los principales hombre de la Revolución Francesa, Marat, Robespierre y Saint-Just, a los cuales predijo una muerte violenta. Este tipo de predicciones la hicieron sospechosa ante las autoridades revolucionarias del momento y la hicieron arrestar en 1974.

Es muy posible que Josefina de Beauharnais conociera a la vidente en la cárcel durante el período revolucionario del Terror. La futura emperatriz de Francia era una mujer muy supersticiosa, como correspondía a alguien que había nacido en las Antillas y estaba familiarizada con asuntos de hechicería.

Lenormand se convertiría la confidente de Josephine, y en su adivina personal, así como de Napoleón, de este último más por diversión que por otras razones, Sin embargo tras la crisis  del matrimonio imperial, que años más tarde los conducía al divorcio. Napoleón llegó incluso a impedir que Lenormand entrara en su salón y años después, en 1810, promulgaría una ley  relativa a adivinos y hechiceros que habían florecido como nunca desde la Revolución Francesa. En el artículo 479 y los tres siguientes se precisa que “las gentes que practiquen el oficio de la adivinación o que pronostiquen o expliquen los sueños serán castigadas… Según las circunstancias se dictará una pena de prisión de cinco días… Y además serán confiscados los instrumentos, utensilios y ropajes destinados al ejercicio de este oficio“.

Con anterioridad a la promulgación de esta ley, la vidente ya había sido multada y encarcelada en relación con diversas denuncias de clientes por su actividad como cartomántica, así como por las sospechas de que formaba parte de un grupo anti-bonapartista. Estas últimas terminaron por inquietar a la policía imperial y el 16 de diciembre de 1803 fue detenida y recluida en la prisión de Madelonettes durante un mes. Al parecer, estaba implicada en una conspiración que había sido descubierta.

Todos estos problemas con el Emperador y su régimen forjaron las simpatías de Lenormand hacia la monarquía, con lo que recibió con alegría la Restauranción Borbónica en Francia y se codeó con todas las monarquías europeas.

Una vez más sus simpatías políticas la llevaron a prisión. Esta vez en Bruselas en el 1821, acusada de espionaje, aunque finalmente se la acabó juzgando por brujería.  Lenormand no será liberada hasta 1830, y desde su liberación se alejó de la política y solo realizaba consultas entre sus amigos.

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Maria Anne Adelaïde Lenormand murió en París a la edad de 71 años, dejando numerosas publicaciones y un tarot con sus propias anotaciones que se ha publicado bajo el nombre del El Gran Lenormand o el Oráculo de Lenormand.

Fran González

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