LOS EVANGELIOS 2.0

Los Evangelios 2.0

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La expedición arqueológica del profesor danés Christian Edelbergen en la zona de Kiryt Qumran avanzaba lentamente.

En realidad la cosa podía haber ido mucho más rápida, pero Edelbergen no tenia ganas de volver a Dinamarca a pasar el crudo invierno.

En Kiryt hacia un calorcillo cojonudo, la subvención de la Universidad le permitía aguantar varios meses y había elegido a su equipo entre los mas zoquetes del último curso.

Trabajad lento, concienzudamente, no tengáis prisa, la arqueología es una ciencia de paciencia, les dijo el primer día, los muy burros le hicieron caso y la excavación avanzaba muy pausadamente.

Tampoco tenia ningún interés en lograr ningún hallazgo arqueológico, la zona estaba súper trillada y ya estaba todo descubierto. Pasar los gélidos meses daneses tomando té helado y consiguiendo un bronceado de envidia, era suficiente para él.

Mientras estaba tumbado en su hamaca leyendo la edición egipcia de Play Boy sonó un estruendo acompañado de gritos de todo el equipo, ¡Mierda!, algo había pasado y si no recordaba mal ( las pipas de hachís le ninguneaban la memoria),él era el responsable del operativo, lentamente se desplazo hacia el lugar de donde provenía el griterío.

Por lo visto un chaval regordete llamado Christiansen había caído por un agujero en una zona de nueva de excavación.

No le tocó otro remedio que armarse de valor (por si hubiera una investigación policial ,ya que no estaba seguro de que la subvención cubriera accidentes) y tomar las riendas del rescate.

Equipado con un arnés, cuerdas, casco y linterna hizo que le descendieran en busca del puñetero fondón.

A los pocos metros se encontró al chaval lloriqueando sobre una montaña de pergaminos.

El tío estaba bien, total una pierna, dos brazos y la clavícula rota, a su edad no tenia importancia.

A pesar del desinterés por la ciencia de los últimos años, no pudo por más que empezar a revisar aquellos manuscritos, negros, crujientes y escritos en arameo.¡Coñe, a ver si sin querer conseguía el Nobel!. Revisando los documentos, de repente encontró un pequeño objeto escondido entre los papiros, no sabia que podía ser. Lo tomó entre sus dedos y aplicó el pincel con fuerza hasta sacar la enorme capa de fango y polvo que lo recubría y de repente…¡Coño!¡No podía ser!¡La Hostia!.

¡Aquello era un pendrive!

Por lo visto debió de desmayarse o algo peor. Despertó en una habitación repleta de imágenes de vírgenes, cruces de todos los tamaños, reclinatorio y sin tele de plasma, por lo que dedujo que no se encontraba ni en un hotel, ni en un hospital.

Se abrió la puerta y un cardenal ,equipado con todos los complementos entró en la habitación.

¿Passa nene? (lo que a pesar de ser agnóstico, Edelbergen encontró de muy mala educación).

Muy campechano el cardenal le ordenó :-Venga tío, vístete y acompáñame-.La única vestimenta a mano eran una túnica misionera (rascaba la hostia) y unas sandalias. Es para disimular, chaval-dijo el Cardenal-.

¿Dónde estoy? Preguntó con un chorrillo de voz que le hizo pensar que llevaba mucho tiempo inconsciente.

En los sótanos del Vaticano nene, sígueme que tenemos que solucionar un malentendido.

El Cardenal avanzaba a toda prisa .primero por unas tétricas catacumbas y luego por unos modernísimos pasillos donde Guardias Suizos equipados con el último modelo de metralleta AK-12. Le saludaban con respeto.

Por fin llegaron a lo que supuso que serian los famosos archivos secretos del Vaticano. El Cardenal puso su mano en un lector ergonómico, pasó por un acceso por la prueba del iris, introdujo un código en un teclado y sacando un escanciador digital de agua bendita en el último control, entraron en la zona más secreta de la Iglesia Católica, los archivos Vaticanos.

Creyó llegado el momento de formular una pregunta que le atormentaba ¿ Que me ha pasado, jefe?.

Bueno, no es sencillo de explicar, pero te hare un resumen rápido-dijo el Cardenal-.

Casualmente en tu expedición encontraste algo que llevábamos siglos buscando. Ante la cantidad de Evangelios que aparecían y aparecerían, el Papa León X le encargo a Leonardo de Vinci una maquina del tiempo para regresar al pasado y depositar lo que a nosotros nos parecía lo más ortodoxo y facilíco para los fieles, unos manuscritos que serían los definitivos cuando fueran descubiertos después de varios siglos. Todo funcionaba bien, pero a Leonardo se le ocurrió inventar, de paso, el pendrive, y aquí la cagamos.León X, que no tenia muchas luces, se dejo convencer de que el pendrive resistiría mucho mejor el paso del tiempo que un pergamino y la cristiandad del siglo 21 lo entendería mejor, lo metió en la máquina del tiempo y acabó en tu cueva de Kiryt Qumran. Después Leonardo se lió con la Capilla Sixtina y todo el mundo se olvidó del pendrive y la máquina del tiempo.

¡Uf!, tan solo se le ocurrió contestar.

Afortunadamente-continuo el Cardenal-, el fondón de Christiansen trabajaba para nosotros, nos envió el aviso, y listo. Aquí paz y allí gloria.

El pendrive y la máquina del tiempo han sido destruidos y ahora tan solo nos queda saber que hacer contigo, la verdad no puede correr por ahí, que luego la gente se confunde, se apunta al Islam y la liamos.

Confuso, perplejo y atónito le preguntó al Cardenal, -¿Bueno…y ahora que hacemos?-.

Muy sencillo dijo el Cardenal mostrándome sus manos. ¿Pastilla roja o pastilla azul?

Coño… ¿Esto no es de Matrix?

Pues si, pero queda chulo

Tome la roja. Fundido a negro.

Despertó tirado en el suelo del despacho del rector de la Universidad de Copenhagen con un fajo de manuscritos en la mano. El rector saltaba de contento ante aquel descubrimiento y hablaba de aumento de sueldo y subvenciones.

Curiosamente había olvidado todo lo que pasó.

Bue…. Y que más da.

 

Tom Roca

 

 

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