LOS ESPANTABRUJAS DE LAS CHIMENEAS

Piedras antropomorfas o cruciformes con un orificio en el centro para que el aire silbara al pasar que en realidad eran realidad eran figuras con los brazos abiertos para impedir el paso,  bolas redondas que no eran bolas sino cabezas, chimeneas que no eran chimeneas, que en realidad eran espantabrujas.

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En muchos pueblos del norte de Aragón, a modo de chimenea sobre sus casas, aparecen estos curiosos objetos a menudo de apariencia terrorífica.

Cuenta la sabiduría popular que estos objetos evitaban que las brujas sobrevolaran los tejados de las casas montadas en sus escobas y que entraran en los hogares a través del único que siempre permanecía abierto, la chimenea, de ahí su nombre de espatabrujas.

Como refuerzo al espantabrujas, se solían dejar las tenazas del hogar abiertas en forma de cruz, o hacían una cruz en las cenizas que quedaban en el hogar después de apagado el fuego, antes de irse a la cama. Y además en la campana de la chimenea se colocaba el “motilón” o “motilonot”,  un muñeco de barro sin cocer, de fabricación casera, tal vez un trasunto de los dioses lares, que defendía la entrada de las brujas.

Desgraciadamente para ver las espantabrujas originales en la actualidad solo las podemos ver en algunos pueblos abandonados, ya que en casi todos los habitados estas han sido reformadas, no sabemos si porqué sus moradores han dejado de creer en brujas o porque estás han encontrado otra forma más cómoda de acceder a sus hogares.

Existen otro tipo de espantabrujas también curiosas con forma de gato, de pájaro, de campana y de vasijas boja abajo o boca arriba.

Fran González

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