LILITH. La antecesora de Eva.

Hecha del barro, a imagen y semejanza de Dios, igual que él. Era hermosa y libre. Pero Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostarme debajo de tí? – preguntaba – Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual».

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A Lilith se la conocía como la Mujer Escarlata, unos dicen que por el color de sus cabellos, quizás venga de ahí la mala fama que siempre acompaño a las mujeres pelirrojas, fama que más tarde heredaría Maria Magdalena, a la que también se representaba con cabello rojizo. Y otros dicen porque en los ritos y ofrendas a la diosa se incluía la sangre humana. La sacerdotisa del templo de Lilith se especializaba en ritos de índole sexual en los que participaban otros sacerdotes (incluso hombres ajenos al templo como pudieran ser personajes de alta alcurnia) pero siempre era la voluntad de la sacerdotisa la que prevalecía sobre la de los hombres a los que sometía sexualmente. Con estos ritos se pretendía obtener una serie de beneficios físicos y espirituales: la elevación del espíritu a estados de éxtasis o la tan añorada “eterna juventud” mediante la regeneración del cuerpo. Para esta última necesidad, la sacerdotisa realizaba ofrendas misteriosas con la sangre de su menstruación.

Cuenta la leyenda que, Lilith no obedeció la orden de sumisión que le impusieron, pensaba que era igual a su marido, que tenía los mismo derechos que él porque habían sido creados con el mismo barro, no se sentía inferior, ni débil, ni dependiente. Era una mujer íntegra y como tal quería gozar, al igual que Adán, de la vida y de todo lo que ésta implicaba, incluidos la sexualidad y el erotismo.

Cansada de que Dios no atendiera sus reivindicaciones, decidió abandonar el Paraíso, antes que someterse y renunciar a sí misma. Cuentan, que como invocaba utilizando el nombre de Dios, fue este, indignado ante tal osadía el que le facilitó alas a Lilith para que se fuera lo más rápido y lejos posible.

 Lilith viajo hasta las costas del Mar Rojo, comenzando a morar en una de sus cuevas, lugar donde comenzó a engendrar a cientos de niños demonio, fruto de sus amoríos con los seres del inframundo. Mientras tanto, Adán que lamentaba su marcha acudió a Yahweh, rogándole por el retorno de Lilith. Atendiendo a los ruegos del hombre, Dios mandó a tres de sus ángeles, Senoy, Sansenoy y Semangelof en busca de la mujer para retornarla al paraíso.

 Los ángeles no tardaron en encontrar a Lilith en su cueva y le exigieron su retorno con Adán por órdenes de Yahweh. Si rehusaba, matarían a cien de sus hijos demonios cada día hasta que decidiera regresar. Lilith exclamó que incluso esta suerte era mejor que regresar al Edén y a la sumisión a Adán. Tan pronto como los Ángeles cumplieron su amenaza, Lilith también hizo una terrible proclamación. En respuesta por el dolor infligido, mataría a los hijos de Adán. Juró atacar a los niños, e incluso a sus madres, durante el nacimiento. Juró también que los recién nacidos estaban en peligro de ser objeto de su ira, las niñas por veinte días y los niños por ocho. No solo esto, sino que también atacaría a los hombres en su sueño, robándoles su semen para dar nacimiento a más niños demonio, que reemplazarían a esos asesinados cada día.

Ante la negativa de Lilith de regresar con Adán, Dios decidió dar una nueva compañera a su creación pues proclamo que «No es bueno que el hombre esté solo», creó a Eva a partir de una de sus costillas, y por lo tanto, sumisa al hombre.

A partir de esta narración, a Lilith se le ha considerado la reina de los súcubos.  Algunas tradiciones cuentan, que entre el cabello de Lilith se encuentran, enredados, los corazones de los jóvenes que sucumbieron a su hechizo

Esa condición diabólica de Lilith le ha llevado a ser considerada también como la Reina de los Vampiros. No sólo mantiene relaciones sexuales con hombres a los que después asesina, sino que también se alimenta de su sangre. Es en esa encarnación donde Lilith se asimila a diferentes divinidades y monstruos femeninos presentes en la mitología clásica: Lamias,  harpías, moiras, parcas o gorgonas, siniestras ancianas habitantes de los infiernos. En todas estas figuras se repiten las alusiones a muerte de hombres y niños.

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 Una extraña leyenda, de la que solo se han hecho eco libros de temática fantástica y algún que otro videojuego, nos cuenta que Lilith, cansada de la eterna guerra entre Dios y el Diablo, se alió con el arcángel Inarius para fundar un lugar al que llamaron «Santuario», refugio tanto para ángeles como para demonios que quisieran abandonar definitivamente tan absurdas batallas. Leyenda, por cierto, que dista bastante de aquella otra que me contaban en mi niñez, de que Dios, cansado de los pecados de Lilith, la había castigado obligándola a trabajar, eternamente, como camarera en el “Bar del Purgatorio”.

Fran González

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