LEYENDAS DE EL ESCORIAL. EL PERRO NEGRO Y LA PUERTA DEL INFIERNO

Se definía a sí mismo como él salvaguarda de la fe católica contra la herejía, se sentía orgulloso de ser el heredero del fundamentalismo cristiano de su padre, Carlos V, sin embargo, la historia nos ha demostrado que en realidad, tanto Felipe II como su padre, distaban mucho de comulgar con aquello que tanto defendían.

Durante siglos, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, construido entre 1559 y 1584 durante el reinado de Felipe II, se ha considerado como el símbolo del fundamentalismo católico de los Austrias, sin embargo, otros lo sitúan como paradigma del conocimiento humanista de la época, en el que se mezclan los elementos cristianos con el auge de ciencias como la astronomía, la botánica o la geometría. Y a día de hoy, ya es bien sabido el interés del rey por los conocimientos provenientes de la hermenéutica, como la astrología, la magia, la alquimia y un etcétera más o menos largo. Precisamente, aquello a lo que supuestamente se dedicó a perseguir durante gran parte de su vida.

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Según cuenta una leyenda que ha trascendido de  generación en generación y de boca en boca, durante la construcción del monasterio del Escorial un misterioso can de un oscuro color negro, tenía aterrorizados a los rudos obreros en las frías noches, llegando incluso a paralizarse las obras por el miedo que el perro negro les producía.

Quien sabe si en realidad el perro negro no era más que un protector del lugar, ya que al igual que sucede con Turin, el Escorial también está considerado como uno de esos lugares en los que están las diferentes puertas de acceso al mismísimo infierno. Hay quien argumenta que fue esta, y no su enclave mágico, lo que llevo al rey Felipe II construir el monasterio en ese sitio, mantener cerrada la puerta del infierno.

Finalmente, el negro y rabioso perro, que durante muchas noches tuvo aterrorizado al personal del monasterio fue capturado, y por orden de Felipe II fue ahorcado y exhibido en una de las torres del monasterio, donde estuvo mucho tiempo colgado.

Fue cuando Felipe II decidió ya su regreso de manera definitiva a El Escorial para morir, que durante todas las noches que el monarca estuvo agonizando se escuchaban los aullidos y ladridos desde su lecho de muerte. Cuentan, que su espectro recorría los pasillos del monasterio, a pesar de que se le había dado muerte meses antes, quizás, porque simplemente estaba esperando al rey para acompañarlo a atravesar esa puerta que el monarca había querido cerrar.

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Curiosamente, la basílica del templo alberga un cuadro de Sánchez Coello donde aparecen San Jerónimo y San Agustín y en el que éste último porta una maqueta del edificio mientras un niño señala un agujero en el suelo. ¿La boca del infierno? Dado el carácter esotérico que está presente en el edificio, y considerando que la tradición de la boca del infierno tuviera importancia, se podría realizar la siguiente pregunta: ¿está realmente el Monasterio sellando la entrada del infierno o por el contrario sería una puerta de acceso al inframundo…? ¿Qué misterios nos guardará todavía ese monasterio  a lo que algunos han querido llamar “El segundo Templo de Salomón”

Fran González

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