LAS MESAS PARLANTES

En 1850 se lo conoció como Table Turning, las mesas giratorias, muy utilizadas en círculos espiritistas. El mecanismo era bastante sencillo. Un grupo de personas, casi siempre conocidas entre sí, se sentaban alrededor de una mesa buscando producir movimientos anómalos con o sin la asistencia de espíritus. Se invocaba a los espíritus normalmente con una fraseología predeterminada y fórmulas mágicas, y normalmente las manifestaciones no se hacían esperar. Estas podían ser desde suaves movimientos a golpes e incluso el levitar de la mesa. A veces los ruidos se oían en otros puntos de la estancia o incluso en otras habitaciones.
 El primer estudio sobre las mesas parlantes data de 1853 y lo hizo el  físico Chevreul   en su “Movimiento circular de las mesas” dónde llego a la conclusión de que eran provocados por movimientos inconscientes. En 1854 Agénor de Gasparini publica “las mesas giratorias” donde exponía que para él la levitación era real. Para probarlo antes de cada sesión espolvoreaba la mesa con harina, para asegurarse de que los dedos de los asistentes no actuaban sobre la mesa. Demostró que el mueble se elevaba incluso si una persona se sentaba encima de él. El autor atribuía esta manifestación a la fuerza psíquica de los asistentes y no a los espíritus.

Carl Jung se interesó muy pronto por este asunto. Organizaba desde muy joven sesiones con las mesas parlantes, admitiendo sus movimientos a los que atribuía a un automatismo global formado por la armonización de los automatismos de los asistentes. Según él la posición prolongada de las manos sobre la mesa provoca una hipnosis parcial limitada a la región motriz del brazo y comparable a la anestesia cerebral correspondiente a determinada región dolorosa del cuerpo y que se obtiene mediante pases magnéticos. El hecho de interrogar a la mesa constituye una sugestión que contribuye a la formación sintética de la personalidad inconsciente, la cual por otra parte, no tarda en manifestarse. 

Harry Price, el cazador de fantasmas, y Harry Houdini, hábil desenmascarador de prodigios fraudulentos, atestiguaron sesiones espiritistas donde los comensales debían hacer grandes esfuerzos físicos para no ser desalojados de sus asientos por los movimientos repentinos de las mesas parlantes
William Hope, el fotógrafo de lo paranormal, denuncia que las mesas parlantes están animadas por una fuerza invisible e indudablemente inteligente, con la cual es posible establecer un código de comunicación para “conversar” con ella.
Daniel Dunglas Home, el gran levitador de su tiempo, presenció fenómenos paranormales de increíble envergadura, como la total levitación de la mesa y sus comensales. Otros denuncian apariciones lumínicas, fosforescentes, manos invisibles y lívidas que pellizcaban a las damas, ráfagas de viento, objetos que se materializaban e incluso la aparición de ectoplasma desde distintos orificios del médium presente.
El éxito de las mesas parlantes se debió en gran parte a que prescindía de especialistas. No hacían falta médiums calificados para llevar adelante sesiones exitosas. Cualquiera, aún los más incrédulos, podían sentarse en grupo y divertirse con las cacofonías y repiques de los muertos.
Hipólito León Rivail conocido por su pseudónimo como Alan Kardek , sostenía que todas las mesas parlantes estaban rodeadas de espíritus y que no era una cosa para jugar con ella. Como padre del espiritismo estaba convencido de que su uso por personas inexpertas podía traer consecuencias. Hay que apuntar que en un principio Kardek fue muy crítico con el fenómeno de las mesas giratorias y que no fue hasta que lo investigó el mismo que se convenció de que era un fenómeno paranormal.
Silvia Rossi 

  

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

A %d blogueros les gusta esto: