LA TIA CASCA. Una Bruja en las Leyendas de Becker.

Cuenta el autor de “Rimas y Leyendas”, Gustavo Adolfo Bécquer, en una de sus narraciones,a lo que le sucedió un día en el que, paseando por los bellos parajes cercanos al Monasterio de Veruela, en la comunidad de Aragón, quedó desorientado.

 Tras un largo caminar, finalmente se encontró con un pastor que le hizo una advertencia. “No tome la senda de la Tía Casca, en ella fue despeñada la señora en cuestión, y al ser rechazada por Dios y por el Diablo, su alma vaga por ese camino, y mediante engañosos sonidos, unas veces con lloros de niño otras con gruñidos de lobo, atrae a los ingenuos caminantes para, con su seca mano, despeñarlos por el barranco”

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Dicen que el Castillo de la localidad de Trasmoz, en Zaragoza, era uno de los lugares favoritos de las brujas de la zona para celebrar sus aquelarres. Tras el toque de ánimas, cada sábado, decenas de brujas y brujos volaban con sus escobas en dirección al castillo con la intención de reunirse e iniciarse en sus ritos perversos. Y entre los habitantes del lugar, allá por el siglo XIX, se encontraba La Tía Casca, cuya leyenda se sigue manteniendo viva en el tiempo.

Cuentan que sus poderes procedían de un misterioso ungüento cuyos ingredientes se le había transmitido por herencia de sus antecesoras, y que tenía la capacidad de volar, que hablaba latín y lenguas desconocidas, envenenar la hierba y las aguas del rio, y que disfrutaba echando el mal de ojo a los niños. Además decían que rezaba al revés las oraciones.

Esta persona que existió en realidad, Joaquina Bona, que así se llamaba, tenía 46 años cuando la mataron, una muerte injusta y violenta en un arranque de ira popular, acusada por hechos de brujería, como tantas otras, cuando en realidad lo más seguro es que tan solo se tratara de una curandera con vocación de ayudar a los demás.

Acusada, de ser la ejecutora de males de ojo y todos los hechizos imaginables, en el año de 1850, según se narra en los periódicos de la época, fueron los vecinos del lugar, quienes la persiguieron hasta un precipicio, y a pesar de los ruegos y súplicas de la anciana, fue arrojada al vacio.

Tras morir la tía Casca dicen que su alma comenzó a vagar por el entorno, unos que quizá por sed de venganza. Otros porqué ni el mismísimo diablo quiso llevársela al Infierno.

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Bécquer la describió así

            “Con sus greñas blancuznas, su formas extravagantes, su cuerpo encorvado y sus brazos disformes, que se destacaban angulosos y oscuros sobre el fondo de fuego del horizonte”

Y puso en boca de los lugareños con los que conversó que el espíritu en pena de la bruja se ocupaba  “en acosar y perseguir a los infelices pastores que se arriesgan por esa parte de monte, ya haciendo ruido entre las matas, como si fuese un lobo, ya dando lastimeros como de criatura, o acurrucándose en las quiebras de las rocas que están en el fondo del precipicio, desde donde llama con su mano amarilla y seca a los que van por el borde, les clava la mirada de sus ojos de búho y cuando el vértigo comienza a desvanecer su cabeza da un gran salto, se les agarra a los pies y pugna hasta despeñarlos en la sima”

Fran González

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