LA SINESTESIA: UN DON DESCONOCIDO

 

A los seres humanos nos fascinan las habilidades especiales. Disfrutamos viendo películas de superhéroes, nos encanta ver a los  protagonistas de dramas cotidianos haciendo cosas extraordinarias, o experimentando cómo un amuleto, una pastilla o un simple accidente activan capacidades desconocidas que vuelven a un simple mortal en alguien capaz de lo imposible.

Desde el Efecto Mozart hasta las teorías de que sólo utilizamos una pequeña parte de nuestro cerebro, siempre hemos buscado aquel secreto que nos pueda dar dones extraordinarios.

 

La pregunta es: ¿existen esos dones extraordinarios?

¿Puede una persona aprender un nuevo idioma en una semana y hacer cálculos matemáticos complejos en apenas un instante? Bien, al menos una persona puede. Daniel Tammet es sinestésico. No solamente reconoce los números, como lo haríamos nosotros, sino que los ve y los siente. Ante una operación algebraica, visualiza los números de una forma y con una apariencia completamente diferente a la que utilizamos nosotros para representarlos, y el resultado aparece casi instantáneamente ante él como una forma nueva que sólo él puede reconocer.

Él mismo ha explica cómo vive su habilidad en diferentes entrevistas: “Cuando realizo una multiplicación, veo los dos números con formas específicas. Luego la imagen cambia y aparece una tercera, que es la respuesta correcta. Este proceso se realiza en cuestión de segundos y de manera espontánea. Es hacer operaciones matemáticas sin tener que pensar.”

Pero, ¿qué es la sinestesia? Para algunos autores es una condición neurológica que implica una percepción sensorial anómala; es decir, como un accidente de nuestro cerebro que conecta de manera no habitual diferentes módulos sensoriales de nuestra corteza cerebral. Esto es, que al activarse un sentido, los sinestésicos experimentan sensaciones propias de otros sentidos.

Por ejemplo, permitiría asociar una palabra o un sonido a intensas sensaciones de color, olores o sabores. Esas respuestas suelen ser automáticas y no se controlan. Esta anomalía o don se considera que afecta a un 1% de la población (aunque algunos estudios lo situarían cerca del 4%).

Para Daniel Tammet, los números tienen formas, colores y texturas. Los visualiza y los reconoce de una manera única y personal. Para él, de entre todos, destaca el número Pi, del que es capaz de recitar decimales durante más de cinco horas (tiene el récord Guinness), el cual encuentra bellísimo.

Pero Tammet no es el único ejemplo de personaje notable con habilidades sinestésicas: se le atribuyen también a compositores como Rimski-Kórsakov, intérpretes como Stevie Wonder y Lady Gaga, o a artistas como Wassily Kandinsky, entre otros.

El propio Kandisnky afirmó, tras asistir a la representación de una ópera de Wagner, haber visto todos los colores en su mente, “….los instrumentos de viento personificaban entonces para mí toda la fuerza de las horas del crepúsculo.”

Bien, llegados a este punto, esta anomalía o accidente nos parece muy interesante; pero, ¿este fenómeno se puede llamar don? Stephen Wiltshire fue capaz de realizar un detalladísimo dibujo de Roma en un formato de cinco metros después de sobrevolarla tan sólo durante 45 minutos. Jason Padgett es capaz de ver el “tejido matemático” de lo que le rodea. Olivier Messiaen, compositor, expresó durante su vida el capital papel de la sinestesia en su brillante obra, como había hecho antes otro notable compositor: Alexander Scriabin. Algunos sospechan que Mozart también era sinestésico.

Pero tal vez nos resulte más sencillo volver a Daniel Tammet y sus capacidades: su cálculo casi inmediato, el hecho de que hable 11 idiomas diferentes o su capacidad para recordar 22.514 dígitos de Pi. Por ello, no debe extrañarnos que sinestesia y memoria estén muy relacionadas; las personas con una memoria extraordinaria también parecen tener una enorme capacidad para operar con imágenes mentales, y es en ese punto donde pueden sacar partido de la sinestesia. Y desde luego, la memoria nos puede aportar una ventaja competitiva en muchas situaciones, sobre ello han hablado campeones en diversas disciplinas, como el ajedrecista Kaspárov o el jugador profesional de póker, Daniel Negreanu, entre otros.

Tal vez la sinestesia sea un don. Pero, ¿es la clave del éxito? ¿Es una habilidad deseada? ¿Hace felices a sus poseedores? No a todos; y desde luego, no siempre. Así como algunos sinestésicos han loado la capacidad de disfrutar sensorialmente de algunas experiencias únicas o expresaron lo mucho que les ayudó en sus vocaciones, otros han maldecido el hecho de que los sentidos les invadan y les abrumen ante un estímulo que, para el resto de los mortales, apenas resulta neutro.

 

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