LA SABANA SANTA. Mi crónica del programa.

“No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra imagen de piedra para inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios.”

Este era el mandamiento de dios, no adorar ninguna imagen. Claro, que los teólogos dejan muy claro que el catolicismo no adora imágenes, solo les rinde culto.

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Su  historia documentada empieza en 1357, cuando la viuda del caballero francés Geoffroy de Charny la expuso en una iglesia en Lirey (diócesis de Troyes, Francia)l, si bien nunca comentó como la tela había llegados hasta sus manos, lo cierto es que los monjes que la  custodiaban pudieron observar desde el primer día que la reliquia se podría convertir en una buena fuente de ingresos. A lo largo del siglo XIV, el sudario fue expuesto públicamente a menudo, aunque no de forma continua, puesto que el obispo de Troyes (Henri de Poitiers), quien tras efectuar una investigación y certificar el objeto como una falsificación, había prohibido venerar la imagen. A los treinta y dos años de este pronunciamiento, la imagen volvió a exponerse, hasta que el rey Carlos VI de Francia ordenó retirarla de la iglesia de Lirey, citando la impropiedad de la imagen. En 1389, el obispo Pierre d’Arcis denunció en una carta al papa de Aviñón que la imagen era un fraude, indicando que ya había sido denunciada anteriormente por su predecesor Henri de Poitiers. Según d’Arcis, «Un examen riguroso descubrió eventualmente cómo la imagen había sido astutamente pintada, siendo la verdad corroborada por el propio pintor. Pese a las declaraciones del obispo d’Arcis, Clemente VII, primer antipapa, prescribió indulgencias a los que peregrinaran al sudario.

Tras varios destinos, según las conveniencias de los sucesivos herederos Charny, fue venida a Luis de Saboya a cambió de un castillo. Tras nuevos destinos y nuevas exposiciones públicas, incluidos un incendio que le provocó algunos daños en 1532, que fueron  reparados con parches por unas monjas. En 1578 se fijó su residencia definitiva en Turín.

La  llamada “Sabana Santa” es sin duda uno de los objetos más venerador y controvertidos del mundo católico, la imagen de Jesucristo  a decir de algunos, un experimento de Leonardo da Vinci, según otros, e incluso un engaño urdido por los mismísimos anunakis y que en realidad no es más que la imagen del último gran maestro templario Jacques de Molay.

Dos incendios, alguna que otra restauración, las pruebas del carbono catorce acaban siendo un puzzle, Papas a favor, Papas en contra, ¿alguien da más?

Se le atribuye al apóstol Tomás, “ver para creer”, y en eso consiste la sábana santa, en ver y creer lo que se está viendo.  Yo no creo que la imagen que aparece en ella sea la del nazareno, de la misma manera que no creo que los restos que se veneran en la catedral de Colonia sean los de los tres reyes magos, entre otras cosas porque no hay ninguna evidencia de que fueran tres, ni reyes, ni magos. Pero tampoco soy quien  para juzgar a los que creen en ella, es más, no voy a negar de que  me gustaría ver con mis propios ojos tan preciado objeto.

Los caminos del Señor son inescrutables, eso defienden muchos. Pero resultaría irónico que alguien que prohíbe la adoración de imágenes, nos dejara como legado una imagen a la que adorar.

Siempre he pensado que a un Dios le rindes más adoración regando una simple flor, fruto de su creación, que poniendo  una vela a una imagen de madera o escayola. Aun así la iglesia, por lo visto, tiene sus propios caminos, y siendo claros, las reliquias son una excelente fuente de ingresos, y la iglesia eso lo ha sabido explotar demasiado bien a lo largo de los siglos. Convirtamos la fe en algo visible, y las multitudes peregrinarán para ver el objeto de su fe.

¿Es la sábana santa la imagen de Jesús? No creo que importe, quizás a los estudiosos de la historia sí, pero a los creyentes en lo más mínimo. Los creyentes practicantes, cosa muy de católicos eso de dividir entre los que practican y los que no, acuden a diario a sus respectivas iglesias para hablar a imágenes que no se parecen en nada a quien representan tratándolos como si tuvieran vida propia. Esa es su fe, la sábana santa, la sabana santa  es otra cosa, la sábana santa es algo que en realidad nunca sabremos que es.

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Clemente VII, primer antipapa del Gran Cisma de Occidente, prescribió indulgencias a los que peregrinaran al sudario. Sin embargo, se debía proclamar en voz alta: «este no es el verdadero sudario de nuestro Señor, sino una pintura o cuadro realizado a semejanza o representación del sudario».

Fran González

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