LA REGRESION. Mi crónica del programa.

Somos seres nuevos todos los días. Nuestros pensamientos, nuestras intenciones y nuestras acciones, nuestra conciencia y nuestras percepciones evolucionan constantemente y, con cada variación, emerge un nuevo ser. No somos la misma persona que hace cinco años, ni siquiera hace cinco minutos.

                                        (Brian Weis)

evolucion

 Si pudiésemos cambiar nuestros genes en función de las condiciones que nos encontrásemos, nuestras posibilidades de supervivencia serían mucho mayores, esa es la base de la evolución, adaptarnos a situaciones cambiantes. Según los evolucionistas, este proceso se da en todas las especies animales, un proceso bastante largo, por cierto, un proceso de cientos de miles o incluso de millones de años. Claro, que como en todo siempre hay una excepción, y en este caso la excepción se llama calamar. Según teorías de algunos científicos, el calamar junto con sus primos, sepias, pulpos y demás tienen la capacidad de cambiar ciertos detalles de su composición genética para adaptarse a las condiciones medioambientales. Hasta aquí bien, pero siempre habrá una cosa en la que discreparé con los científicos, ellos solo son capaces de investigar aquello que se pueda ver a través de un microscopio, y el alma, visto a través de los ojos de un microscopio, es invisible.

No voy a entrar en detalles en cuanto a la evolución de las especies como conjunto, al menos hoy, pero si en la evolución del alma como individuo, ese alma individua que posiblemente parte de un todo para regresar en algún momento a ese espíritu global del que un día partió.

No fue sino hasta 1988, cuando un doctor en Psiquiatría, Brian Weis, y de la mano de su libro “Muchas vidas, muchos maestros”, diera a conocer al gran público el significado de la palabra regresión. La vida y la existencia son dos cosas totalmente diferentes, a ojos del mundo, la ciencia parecía descubrir lo que desde tiempos ancestrales nunca había estado oculto.

Se asocia a la regresión con la reencarnación, de modo que, todo aquel que no cree en ella descarta inmediatamente el término de su diccionario particular. Yo creo firmemente en la reencarnación, creo que sin ella el alma y su existencia tendrían poco sentido, sin embargo ´la regresión va más allá. En realidad no regresamos a ningún sitio, solamente revivimos.

Con la regresión lo único que se pretende es recordar y revivir hechos que, traumáticos o no, nos han marcado de tal modo, que han frenado o ralentizado nuestra evolución como ser, esos hechos no siempre tienen porque estar alojados en una vida anterior, si es que crees en ello, esos hechos pueden haber ocurrido en nuestra infancia, en nuestra adolescencia, o hasta ayer mismo. Tendemos a pensar que para que las cosas no duelan las tenemos que olvidar, de ahí que nuestra mente a menudo archive recuerdos en algún lugar recóndito de la memoria. Esta idea es falsa, las heridas se curan cuando somos capaces de recordarlas, de revivirlas, sin que nos duelan, ese es el propósito de la regresión.

Nuestros recuerdos, nuestras vivencia, forjan lo que somos, y cual calamar, nos ayudan, eso es lo que nos gusta creer, a cambiar para adaptarnos a las condiciones que nos rodean. Pero a veces esos recuerdos, esas vivencias están bloqueadas, y ante la imposibilidad de adaptarnos, avanzar, caemos en manos de unos diminutos falsos ayudantes  llamados antidepresivos o ansiolíticos, ayudantes que lo más seguro es que te sigan acompañando de por vida. Y aunque no pretendo convencer a nadie, si me gustaría que por un momento mantuviéramos nuestra mente abierta y consideráramos una terapia alternativa, la regresión. Igual nos sorprende.

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Luché por mi cuenta, con todas mis fuerzas, cada día, contra el horror de no comprender ya en absoluto el porqué de recordar. Y como tú, he olvidado…   “Marguerite Duras”

Fran González

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