LA PUERTA DE ARAMU MURU

A unos 35 kilómetros de la ciudad de Puno, cerca al municipio de Juli, capital de la provincia de Chucuito, no lejos del lago Titicaca, en Perú, se encuentra un pórtico de piedra labrada de siete metros de ancho por siete de alto. La Puerta de Aramu Muru, también denominada Hayu Marca, una puerta que aparentemente no conduce a ninguna parte.

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Según cuenta la leyenda, hace unos 450 años, un sacerdote del Imperio Inca, se escondió en las montañas para guardar de los conquistadores españoles un disco de oro creado por los dioses con el fin de curar a los enfermos e iniciar a los amautas, los sabios guardianes de la tradición. Este sacerdote, conocía la misteriosa puerta, situada en plena montaña y gracias a sus grandes conocimientos, la atravesó portando consigo el disco de oro y pudo acceder a otras dimensiones, de las que nunca regresaría.

La construcción megalítica posee un disco grabado, que está situado a la altura del plexo solar. Según su descubridor, el guía José Luis Delgado Mamani, al tocar con ambas manos los lados interiores del marco de piedra, se perciben extrañas sensaciones como la visión de fuego, melodías musicales y lo que es aún más sorprendente, la percepción de túneles que atraviesan la montaña.

Algunos habitantes de la zona sostienen que la puerta en realidad es la entrada al “Templo de la iluminación” o “Sitio de los espíritus”, y cuentan extrañas historias  como que algunas tardes se hace semi-transparente dejando entrever una cierta luminosidad.

El nombre para este sitio enigmático fue tomado del libro escrito en 1961 por “Brother Philip” (Hermano Felipe) y publicó en Inglaterra con el título El Secreto de los Andes. Un extraño libro que se adentraba en los enigmas del lago Titicaca y la existencia de un sacerdote antiguo llamado Aramu Muru, como líder de la oculta Hermandad de los Siete Rayos, antiguos guardianes del conocimiento del continente perdido de Lemuria.  Supuestamente, luego de la destrucción de su civilización, aquel ser habría emigrado a Sudamérica, concretamente al lago más alto del planeta, trayendo consigo además de los sagrados textos de su cultura, un poderoso disco de oro, un objeto sobrenatural que recuerda el famoso “Disco Solar” de los incas.

En la actualidad son cientos las personas que acuden hasta la puerta, no solo atraídos por la leyenda, sino también por la creencia de que tras ella se encuentra el acceso a  un mundo subterráneo habitado por seres dotados de una profunda espiritualidad. Los creyentes se arrodillan en la cavidad central y apoyan su frente en un hueco circular, con el fin de conectar el llamado “tercer ojo” con el “portal”. Todo el lugar que circunda la Puerta de Aramu Muru es denominado también “bosque de piedra”, y desde tiempos inmemoriales los antiquísimos habitantes de la zona consideraban sagrado este sitio y hacían ofrendas al dios Sol.

En la otra parte del “portal” hay un túnel, llamado chinkana en quechua, que según algunas creencias locales conduce a Tiahuanaco y a la isla del Sol (o isla Titicaca). El túnel fue obstruido con piedras para evitar que los niños se metieran allí y pudieran perderse luego en sus profundidades.

Bien sea una puerta a otras dimensiones, a una civilización escondida, o simplemente un capricho de la naturaleza, la  Puerta de Aramu Muru engrosa la lista de los grandes misterios que encierra nuestro planeta.

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En 1996 un niño de una localidad cercana afirma que había visto a un grupo de personas vestidas con túnicas azules y blancas, que se inclinaban ante la Puerta cantando unas palabras extrañas. En el centro, un hombre vestido de blanco,  como arrodillado tenía en sus manos como un libro que lo leía en voz alta. Tras esto, vio como la puerta se abría y de su interior salía algo así como humo y una luz muy brillante, en donde el hombre vestido de blanco ingresó, y luego de algunos minutos, salió cargando dentro de un saco, unos objetos metálicos…

Fran González

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