LA LLORONA. Lamentos para la eternidad.

Desde México a Argentina, pasando por Nicaragua o Colombia, todos los países de latinoamérica tienen la suya, todos han oído sus gritos y lamentos, bien sea en los ríos, o en las calles de la ciudad, todos temen encontrarla en la noche, los niños temen ser secuestrados, los mayores temen ser contagiados por su locura, hoy hablamos de… “La Llorona”.

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Los amanes de las leyendas somos conscientes de que dependiendo de quien la cuente estas presentan algunas variantes, pero en el caso de La Llorona es diferente, dos historias bastante diferentes la una de la otra, y que solo comparten que las dos tienen un trágico final, y un personaje protagonista, una mujer enloquecida a la que llaman la Llorona, no quería tener que decidir por una o por otra, ni tampoco refundir la dos en una sola, eso sería un sacrilegio contra la tradición popular, de modo, que he optado por escribir las dos. Espero que os gusten, y ya sabéis, si conocéis alguna variante, estaremos encantados con vuestros comentarios.

Leyenda 1

Cuenta la leyenda que los niños se alejan de los ríos al anochecer, pues en sus márgenes, una joven enloquecida vaga en busca de algo que no encontrará jamás, interrumpiendo el silencio de la noche con su lamento eterno.

La historia comienza con algo muy común hasta no hace tanto tiempo, una jovencita que emigra del campo a la ciudad en busca de empleo en casa de ricos, su única esperanza para llevar una vida mejor y poder ayudar a su familia. El resto de la historia también nos sonará de haberlo oído en muchas otras ocasiones, joven rico que se encapricha de la criada, criada que se enamora del joven rico y cree ciegamente en sus falsas promesas, y embarazo de la joven. Solo los cuentos de hadas acaban con final feliz, y solo en ellos la humilde criada acaba casándose con su príncipe azul, en la vida real no se comen perdices, en la vida real, a la criada se la despide y se la devuelve violentamente a una vida a menudo más mísera que la que tenía antes de su llegada a la ciudad.

Sin saber qué hacer, la joven optó finalmente por volver junto a los suyos, intentando encontrar en estos el confort y cariño que tanto necesitaba. Al principio intento esconder su estado y se inventó mil y una excusa para justificar su regreso, pero finalmente la verdad salió a la luz, y su familia, gente de misa y muy apegada a la religión comenzó a recriminarla a todas horas por su error, llevándola a un estado de insoportable angustia.

Llego la noche del parto, a los primeros síntomas la joven corrió hacia el río que estaba cercano a su casa, tan pronto parió lanzó al bebe a la corriente pensando que así daría fin a su aflicción, pero al darse cuenta de lo que acababa de hacer, se lanzó detrás de él, gritando y llorando, ahogándose finalmente en el fallido intento.

Cuentan, que por castigo divino, está condenada a vagar eternamente tratando de alcanzar a su hijo, y que quizás algún día tendrá compasión de ella y dejará que lo encuentre, y que en ese día, ambos volverán a la vida.

Leyenda 2

Cuenta la leyenda que un rico hacendado no mermaba en gastos para rodear de lujos a su única hija, una joven que a pesar de su condición social, no solo gozaba de una gran hermosura, sino que además era una joven sencilla y humilde en el trato. Feliz y enamorada de un amor correspondido, el infortunio llega a su vida en el día en que su padre fallece de forma inesperada. Su joven enamorado se hizo cargo de los negocios familiares, y no lo hacía mal, estos prosperaban a cada año que pasaba, lo único que al parecer continuaba en el mismo sitio era la relación entre los dos, pues esta continuaba sin formalizarse, a pesar de que ambos ya tenían tres hijos en común, con el tiempo el joven también fue cambiando en la manera de comportarse con ella, lo que en otros tiempos fueron atenciones y promesas de amor acabaron convirtiéndose en desaires y malos tratos.

Cierta noche la joven, ya convertida en mujer, decide aclarar la situación e intentar remediarla, se dirige al dormitorio de él, pues no dormían juntos, encontrándolo con su amante, una viuda pudiente que fingía ser su mejor amiga. Presa de rabia y celos coge una barra de hierro y la emprende a golpes contra los amantes, matándolos a los dos. Después, presa de locura, se dirige a la habitación de sus hijos, terminando también con la vida de estos, por miedo a que le recordaran el engaño del que había sido víctima, sin embargo, al recuperar la razón y darse cuenta del crimen que acababa de cometer, se suicidó. Cuentan que desde entonces vaga por la noche gritando y llorando, si algún niño se cruza en su camino lo secuestrará y lo llevará con ella a vivir al inframundo, en un intento de limpiar su pecado y volver a ser feliz.

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La muerte no siempre es el fin de las desgracias ni un viaje hacia otra vida mejor, en ocasiones la muerte es tan solo una puerta al sufrimiento eterno.

Fran González

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