LA LEYENDA DE LA ENCANTADA

Se cuentan por cientos las leyendas asociadas a la Noche de San Juan. Campanas que tañen sin que nadie las toque, princesas que se aparecen en los caminos, tesoros escondidos durante siglos y que solo pueden ser encontrados durante esa noche, almas en pena, luces para las que no se encuentra explicación. En toda la geografía española es difícil encontrar un pueblo, un lugar, que no tenga la suya propia, aunque sea repetida, como sucede con la que os relato a continuación, una leyenda que se repite a lo largo de ríos, fuentes, pantanos y lagos, con diferentes variantes, pero similares en su forma y fondo. “La Leyenda de la Encantada”, y esta es una de sus versiones.

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Cuenta una leyenda que hace ya bastantes siglos, en el Medievo, una princesa árabe se enamoró de un príncipe cristiano, lo que provocó  las iras de su padre, el sultán, que la maldijo a vivir por siempre encantada, presa en un castillo, penosa cárcel de oro, dentro del monte del Cabezo Soler, al lado del río Segura, en el camino que lleva a Guardamar.

Desde entonces, dicen que todos los años, en la noche de San Juan, la Encantada baja hasta el rio, donde se sienta a peinar su larga cabellera, esperando encontrar al caballero que la libere de su encantamiento. Nadie hasta ahora ha conseguido liberarla, es más, todos aquellos que lo han intentado han muerte de una forma horrible, y sus cuerpos han sido encontrados ahogados, en el suelo, con la lengua fuera.

Si algún valiente se atreve, ha de saber que la Encantada le pedirá que la lleve en brazos hasta el río para bañar sus cansados pies, y que sólo eso rompe el maleficio. Pero para el hombre que la lleva, la Encantada se hace cada vez más y más pesada, miles de monstruos y pesadillas salen a su encuentro, y antes de llegar al agua el pobre incauto cae desfallecido en el suelo soltando de sus brazos a la princesa, luego ésta vuelve a su castillo.

Dicen en el pueblo que la paz solo podrá venir al mundo cuando haya alguien lleno de verdadera valentía que pueda liberar a la Encantada de la maldición del sultán. Para invocar esta liberación todas las noches de San Juan los habitantes de Rojales saltan sobre hogueras de fuego, que si no consiguen la ansiada liberación si tienen el poder de calmar el terror de la princesa tras siglos de encierro.

Por si acaso, por la noche, todos evitan el camino que acompaña el río en brumas. Todos cuentan historias de que hay quien la ha visto en la vereda del río y que la Encantada adopta distintas formas, a veces es una muchacha que hace autostop. Otros la vieron aparecer por una escuela, y hay quien asegura que la vio vendiendo flores en un mercadillo. Siempre es una muchacha bella pero sus ojos no brillan, supuran tristeza, faltándoles la vida y la libertad.

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«Quería saber si alguna de ustedes amables personas, podría conducirme al castillo». (Frase de la película encantada) 

Fran González

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