LA LEYENDA DE LA CASA DEL RABINO

Si paseas por lo que en tiempos del medievo fuera el barrio judío de Barcelona te encontrarás con uno de esos edificios antiguos que parecen estar perpetuamente en reformas, pero seguro que llamará tu atención el hecho de que casi siempre algún turista estará fotografiando una inscripción que se encuentra en la fachada del edificio. Porque aunque no lo sepas, te encontraras ante una de las llamadas “Casas Malditas de Barcelona”

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Cuenta la leyenda que en esta casa vivía un rabino con conocimientos de brujería que trabajaba tanto para cristianos como para judíos, obteniendo considerables beneficios por sus servicios. Este hombre tenía una hija, dicen que de extraordinaria belleza, por cuyo amor disputaban tanto judíos como cristianos. De entre todos los pretendientes, la chica escogió un cristiano guapo y rico aún sabiendo que su amor era imposible. Transcurrido un tiempo la chica le pidió al cristiano que se atreviera a hablar con su padre y la pidiera en matrimonio. El muchacho, sabiendo que la respuesta sería un no rotundo, le sugirió que quizá sería mejor ser sólo amantes. Esta vez, la que dijo no fue ella, dando por finalizada en ese momento la relación. A partir de entonces, el amor del chico se fue convirtiendo en un odio tan fuerte que se planteó matarla. Y así lo hizo, urdiendo un plan maléfico. Aprovechando que el padre de la chica era experto en pócimas brujeriles, una noche le encargó la preparación de un veneno muy potente que proporcionase una muerte lenta y dolosa. Además, tenía que ser un veneno muy sutil, que pareciera un regalo y no lo que en realidad era. El rabino recibió por el trabajo seis bolsones de oro y a cambio entregó al muchacho una rosa preciosa, rociada con un ungüento que al olerlo una sola vez producía una muerte irreversible tras terribles sufrimientos.

Esa noche, el chico llamó a la ventana de la guapa judía para decirle lo arrepentido que estaba de no haber querido casarse con ella y jurarle que a la mañana siguiente correría a ver a su padre para pedirla en matrimonio. Todo mentira, por supuesto. La chica lo creyó y aceptó de buena gana la rosa que su “prometido” le entregó. Pero en cuanto acercó la nariz a la flor, cayó al suelo presa de terroríficos dolores.

Al día siguiente, el rabino, al ver que su hija tardaba en levantarse se acercó a su habitación para despertarla y su sorpresa fue encontrar a la chica agonizando en el suelo con la rosa entre sus manos. Inmediatamente entendió lo sucedido. Él mismo, sin saberlo, había preparado la muerte de su única hija y ninguno de sus conocimientos de magia podían evitarle la muerte. Cuando al final la chica murió, el rabino decidió abandonar la casa y la ciudad. Pero antes de irse lanzó una maldición sobre su casa para que nadie pudiera volver a vivir en ella sin sufrir grandes desgracias.

En la fachada principal del edificio se halla esta inscripción en hebreo, cuya traducción al castellano es la siguiente: “el santo rabino Samuel Araseri, nunca se acabe su vida, año 692, se halló con otros restos del tiempo de los judíos en esta casa levantada sobre las ruinas de la que fundó Santo Domingo. ____ Año 1826″.

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Al parecer, el rabino nunca se marchó de la ciudad, murió en su propia casa, donde sus restos permanecieron durante siglos, quien sabe, quizás fuera para asegurarse del cumplimiento de su maldición.

Fran González

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