LA BÚSQUEDA DEL SANTO GRIAL DE HEINRICH HIMMLER EN MONTSERRAT

Se cuenta que Himmler era el más fanático creyente de las ciencias ocultas de entre todos los miembros del partido nazi provenientes de la sociedad Thule, y que siempre le acompañaban dos libros, el Bhágavad-Gitá, un texto sagrado hinduista y el Parzival de Eschenbach. Una vez en el poder, se hizo con la dirección de las terribles SS, un cuerpo de élite con los que formaría una auténtica Orden Negra que seguiría los preceptos del antiguo paganismo germano y los dogmas de fe del nazismo como creencia religiosa.

En 1935 Himmler pasó a presidir la Deutsches Ahnenerbe “Sociedad para la investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana” que estaba dividida en diferentes departamentos. Uno de ellos prestaba atención al estudio del antiguo alfabeto rúnico, y en 1938 se crearía otro departamento, el de arqueología germánica, que es el que se encargaría de realizar expediciones para encontrar las reliquias sagradas. Otros departamentos serían: el de leyendas, el de la geografía sagrada o el de ciencias paranormales, entre otros. Los trabajos realizados se clasificaban como asuntos secretos del Reich.

Himmler tenía su residencia privada en el Castillo de Westfalia, el Camelot Nazi donde aparte de una biblioteca con más de doce mil obras de temática ocultista, cuentan que tendría que servir de alojamiento para lo que llamarían “Tesoro Espiritual de la Orden Negra” objetos de culto y poder que fueran encontrando en sus diferentes expediciones. El Grial, el Arca de la Alianza, la lanza de Longinos, las calaveras de cristal halladas en Centroamérica, el Bastón de Mando, o martillo de Wotan, y la Piedra del Destino formaban parte del repertorio codiciado.

Otro personaje que guarda mucha relación con esta historia es Otto Rhan, especialista en Filología e Historia Medieval que en 1931 empezó a investigar el tema cátaro y que acabaría convirtiéndose en el investigador del Grial para la SS

Himmler llegaría a Barcelona la mañana del 23 de octubre de 1940, el mismo día del famoso encuentro de Hitler y Franco en Bayona, acompañado por oficiales de las SS y por el general Karl Wolf, jefe de Otto Rhan.

El encargado de darles la bienvenida fue el padre Ripoll, debido a que era el único que hablaba alemán. Parece ser que cuando se dirigían hacia el interior de la basílica, Himmler se negó rotundamente a visitarla, manifestando que sólo estaba interesado en el mundo existente bajo la montaña.

La montaña de Montserrat, para aquellos que lo desconozcan, está plagada de innumerables cuevas y simas y asentada sobre un lago subterráneo. Hoy también se cuenta que incluso cuando se produce alguna avería en el monasterio, los encargados contratados, a tal efecto, bajan con los ojos vendados a las cámaras subterráneas, cerradas no sólo al turista general sino también a la mayoría de los monjes, aunque esto tan solo formar parte de las múltiples leyendas que envuelven a la montaña mágica.

Durante el tiempo que duró la visita al monasterio, Himmler tan solo se preocupó de visitar los archivos y la biblioteca del mismo, inquiriendo a los monjes para que le dieran toda la documentación que tuvieran relacionada con el Grial y con las cuevas subterráneas. Se desconoce la documentación a la que tuve acceso, aunque se supone que no fue de su satisfacción ya que posteriormente continuaría con la búsqueda del grial en otros lugares, como en los alrededores de Montsegur.

A modo de anécdota, no verificada, se dice que a Himmler que durante unos días se alojó en el Ritz de Barcelona le robaron un maletín donde, supuestamente, guardaba los planos de los conductos subterráneos de la montaña de Montserrat.

Fran González

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