OLA BUENA SUERTE, SUPERSTICIONES

  Sabes de dónde viene la tradición de tirar monedas a un pozo o a una fuente? Antiguamente se utilizaba como método de adivinación. Consistía en tirar piedras o alfileres en un pozo al mismo tiempo que se formulaba una pregunta: si salían burbujas la respuesta era afirmativa. Y de ahí viene esa fijación irrestible de tirar monedas en cuanto nos encontramos con una fuente.

Para las culturas mediterráneas derramar vino o cava en la mesa al hacer un brindis es señal de buena suerte. Habitualmente se mojan los dedos en el líquido derramado y se restriegan en la frente o detrás de las orejas de los presentes para alejar el mal de ojo y propiciar la buena suerte. Esto es algo que en mi entorno seguimos haciendo con cierta algarabia. Por cierto, me he encontrado que en ciertos países esto mismo es un símbolo de mala suerte pero creo que es porque, al no ser países vinícolas, no saben cómo quitar la mancha.
Mi madre siempre que me ponía una prenda de vestir del revés me pronosticaba que iba a recibir un regalo en breve. También se dice que van a llegar buenas noticias o qué vas a recibir una invitación inesperada, pero siempre y cuando te hayas vestido mal sin querer.
La primera vez que oí esta superstición fue en Dublín, la dueña italiana del restaurante donde trabajaba, al ver que de un infortunado golpe, debido a mi torpeza, desparramaba un azucarero en toda la moqueta se puso a palmotear a mi alrededor diciendo que eso era una señal de buena suerte. La única precaución que tienes que tener es de no pisarla o arruinarías el sortilegio. Curiosamente en la simbología de los sueños tiene el mismo significado.

Ya lo decía Mary Poppinns: “con un poco de azúcar la píldora que os dan pasará mejor”.
Parece ser que entre todas las cosas extrañas que hace el diablo una de ellas es coleccionar pestañas, o al menos así dice una antigua tradición. Por eso si se nos cae una pestaña, la tomaremos y la depositaremos en el dorso de nuestra mano o en el dedo índice y soplaremos, al mismo tiempo que formulamos un deseo, para evitar que se la quede y para contrarrestar lo que eso conllevaría. 
Para las culturas precristianas la cruz ya era un símbolo de perfección y se creía que en ella residían espíritus benéficos, por ese motivo existía la costumbre de formar una cruz con los dos dedos índices para pedir un deseo. De ahí nos ha quedado el hecho de cruzar los dedos cuando deseamos que algo nos salga bien, conjurando la buena suerte.

Silvia Rossi

  

You may also like...

A %d blogueros les gusta esto: