LA BESTIA DE TOTALÁN

La depravación llevada al extremo, lo definen los agentes que han desvelado el terror vivido por Estefania –nombre ficticio–, una niña de 11 años que desde los tres era agredida sexualmente por unos padres que grababan en video y documentaban sus perversiones en un diario del horror. Se trata de Mariusz E.B., un polaco de 44 años aficionado a la informática, que ha acabado quitándose la vida en prisión, y Zoe C.D., una británica que daba clases de inglés que se encuentra encarcelada. Un caso que se ha prolongado durante varios meses y que también ha permitido identificar a una decena de niños del pueblo como víctimas de esta pareja que también fotografiaba y grababa a menores con cámaras ocultas y a la que se le ha incautado uno de los mayores archivos de pornografía infantil descubiertos hasta el momento.

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Como muchos residentes extranjeros, el grado de integración del matrimonio era limitado, salvo con los más pequeños, a los que la mujer impartía clases particulares de inglés. Asignatura que también enseñaba en un centro Evangelista, religión que ambos profesaban, ubicado en el vecino municipio de Rincón de la Victoria.

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Pero toda la aparente normalidad que rodeaba a la familia saltaría por los aires el pasado mes de febrero. El Equipo Mujer Menor (Emume) de la Guardia Civil de Málaga recibía una llamada inquietante. Era un agente del puesto de Rincón que reclamaba su ayuda inmediatamente. Acababa de escuchar una confidencia terrible.

 

LA DENUNCIA A SU MARIDO

En la oficina se encontraba Zoe. Quería denunciar a su pareja por presuntos malos tratos. Estaba inquieta y sorprendentemente habladora. Distinta. Dominada por un arranque de sinceridad provocado por el abandono de una medicación y que levantó el telón de la casa de los horrores.

La mujer relató que su marido llevaba años agrediendo sexualmente a su hija y que documentaba en un diario cada una de sus perversiones. Siguiendo el protocolo, los investigadores trasladaron a la pequeña al hospital Materno Infantil para que fuera examinada por los médicos. El resultado fue «brutal». «Nadie podría imaginar el calvario por el que pasó esa niña», recuerda uno de los agentes.

Fue en la estación de autobuses de Málaga cuando el jefe de la investigación vio a Mariusz por primera vez. Había hablado con él por teléfono después de que se refugiara en casa de un amigo que vive en Burgos.

Los agentes le llevaron a dependencias policiales. Se mostraba locuaz, incluso colaborador, quitándole hierro al presunto episodio de violencia doméstica. Desconocía que en el registro que los agentes realizaron en el domicilio familiar se hallaron varios discos duros y pendrives que empezaban a desvelar el lado oscuro de un matrimonio que se consideraba profundamente religioso. Contenían una serie de videos en los que la pareja participaba en orgías y otras actividades de índole sexual. Reveladores, pero «nada ilegal».

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Con pruebas suficientes para que Mariusz durmiera en prisión, el sargento del Emume decidió mostrar todas las cartas y apelar a las profundas convicciones religiosas del detenido.

-«¿Has abusado de tu hija?», preguntó sin andarse con rodeos.

No deseo responder a esa pregunta», contestó, intensificando las sospechas de los investigadores (Los evangelistas tienen prohibido mentir y con esa respuesta ni lo hacía, ni respondía al interrogatorio, aclara el mando de la Guardia Civil)

Los agentes, con el convencimiento de que estaban ante un depredador, decidieron mostrar su as en la manga. «Tenemos el disco duro», le espetaron, ante lo que el acusado puso cara de sorpresa y «comenzó a cerrarse en sí mismo».

Desencriptar el dispositivo no fue una tarea fácil, ya que contaba con un software de protección de fabricación alemana indescifrable. Tras proponer un «ataque por fuerza bruta» con varias computadoras, finalmente fueron dos investigadores de la Universidad de Alcalá de Henares quienes lograron desentrañar los turbios «secretos» que escondía.

«Encontramos 120 gigas de grabaciones exclusivamente de pornografía infantil. Material vomitivo», describen los guardias, que decidieron establecer tres líneas de investigación debido al volumen y la tipología de los archivos. Unas imágenes que depararían numerosas sorpresas que darían al caso una magnitud no imaginada hasta el momento.

Mariusz había pasado sus primeros meses en prisión sin sobresaltos. Hasta entonces se había limitado a hacer vida carcelaria, ajeno a los importantes avances de la investigación. Aunque cuando fue llevado ante el juez y comprobó que habían abierto su «tesoro», no tenía salida. Una vez llegó a su celda de la prisión de Alhaurín de la Torre, se ahorcó.

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60.000 ARCHIVOS PEDÓFILOS

Los investigadores hallaron más videos en los que Mariusz y su esposa grababan a un grupo de niños ante los que se exhibían desnudos y a los que incitaban a imitar las prácticas sexuales que realizaban en su presencia mientras les ponían películas porno.

Contabilizaron un total de diez menores, que han sido localizados. Cada uno fue citado en el juzgado para, en presencia de los responsables del caso y la autoridad judicial, visionaran las grabaciones. «Se identificaban en las imágenes, pero no la situación ni el momento en el que se captaron», explica una de las fuentes, que añade que «alguno no pudo contener las lágrimas».

En el disco duro, además, se descubrieron una serie de fotografías de alto contenido sexual protagonizadas por amigas de Esperanza. «No llegó a abusar de ellas», confirma el jefe del Emume de Málaga, que destaca que el detenido instaló cámaras ocultas en el cuarto de baño de su casa para grabar a las niñas que allí acudían. Un método que también empleaba para tomar imágenes de menores en centros comerciales de la Axarquía malagueña.

La tercera y última línea de trabajo abierta hasta ahora se centra en los más de 60.000 archivos pedófilos hallados en el dispositivo de almacenamiento y que están protagonizados por menores nunca mayores de 15 años, mayoritariamente de países del Este de Europa.

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