LA ALHAMBRA. Una Leyenda en cada rincón.

“Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”

Según una extendida leyenda, camino de su exilio en Laujar de Andarax, en La Alpujarra almeriense, cuando coronaba una colina, Boabdil “el chico”,el último rey nazarí de Granada, volvió la cabeza para ver su ciudad por última vez, y lloró, escuchando de su madre la sultana Aixa, esta conocida frase, debido a esta leyenda esa colina recibe aún hoy el nombre del Suspiro del Moro. Se desconoce el lugar donde este rey fue enterrado en su muerte, y ni tan siquiera la historia se pone de acuerdo en cual fue su causa, unos dicen que murió en el campo de batalla y otros que como mendigo en la ciudad de Fez, algunos van más allá, y afirman que tras su muerte, su espíritu volvió a La Alhambra, y que en algunas noches se le puede ver y oír, llorando y lamentándose por los jardines del lugar.

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No sé si has visitado alguna vez la Alhambra, un lugar donde las acequias, las formas de las fuentes, los perfiles de los sumideros y los canales, encuentran su razón de ser al hacer sonar al agua de todas las formas posibles, una melodía que se mezcla con la arquitectura del lugar para convertirlo, a pesar de lo que digan los libros, en una de los lugares más maravillosos del mundo.

En las veces que he visitado la Alhambra, me recreo pensando en la leyenda del rey Boabdil, me lo imagino allí, paseando por sus jardines, intentando limpiar la sangre de los Abencerrajes, de los treinta y siete caballeros que fueron decapitados por orden suya en el patio de los leones, por haber delito de que uno de sus miembros mantuviera un amor secreto con Moraima, una de sus favoritas, las manchas de sangre de la fuente que se encuentra en la sala con el nombre del linaje de los ejecutados, manchas de las que dicen permanecerán eternamente. O por qué no, escuchando la música melodiosa que procede de la Torre de las Infantas, torre desde donde la joven Zorahaida no tuvo el valor suficiente para huir junto con sus dos hermanas, para salir al encuentro de sus enamorados cristianos y marchar a Córdoba, donde serían finalmente felices, desde entonces, la joven princesa está condenada a cantar eternamente sus lamentos de amor, dicen, que hasta que un caballero cristiano acuda en su ayuda para deshacer el hechizo. Y así continuaría con leyendas y más leyendas, muchas de las cuales el escritor Washington Irving dejo reflejadas en su libro “Cuentos de la Alhambra”, y que no fueron más que una recopilación de historias que contaban las gentes del lugar, y que él puso por escrito, en la época en la que tuvo el privilegio de habitar entres sus paredes.

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 Y por último, un consejo, independientemente de que hayáis estado o no, os recomiendo una visita para un 23 de junio, quien sabe, igual tenéis la misma suerte que Sanchica, quien encontró a una bella dama, antaño encerrada por un mago árabe, y al que mantenía dormido por arte de magia con el hechizo de la música, dicen que en la noche de San Juan, si la liberas de las cadenas, que la mantienen cautiva, frotando el amuleto que lleva colgado, te mostrará el lugar donde se encuentra un gran tesoro, uno de los muchos que la Alhambra aún mantiene escondido entre sus paredes.

Fran González

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