JUANELO TURRIANO, O EL ORIGEN DE PINOCHO

Juanelo Turriano, gran ingeniero del siglo XVI trabajó a las órdenes de Carlos V como relojero de la corte, inventor de multitud de mecanismos, de haber nacido en otra época y otro lugar posiblemente hubiera sido considerado como una de las grandes mentes de la historia.  Su obra más famosa fue el llamado “artilugio de Juanelo” una obra de ingeniería capaz de llevar el agua desde el tajo al Alcázar de Toledo, una obra por la que por cierto nunca le pagaron.

Pero hoy no vamos a hablar de las grandes obras de Juanelo, sino de un muñeco, un muñeco que a día de hoy todavía conserva en su honor una calle en la ciudad de Toledo, la “Calle del hombre de Palo”

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«Hombre de palo armado con un escudo en el lado izquierdo y en el brazo derecho una talega, hincado en un madero, y andábase alrededor y en tocando en el escudo volvía y daba con la talega de arena a quien pasaba y le daba»  De esta manera definía un cronista a este autómata de madera atribuido a Turriano, creador también de muchos otros que representaban a danzarines, guerreros o pájaros  voladores.

El hombre de palo era un sirviente autómata que se diferenciaba del resto de creaciones de Turriano por estar hecho de madera. Al parecer, este recorría las calles pidiendo limosna para su dueño, al que parece ser tenían por costumbre no pagarle por sus trabajos, viviendo el pobre sumido casi en la miseria. El autómata hacía una reverencia. a modo de gratitud, a todo aquel que le contribuyera con un donativo.

 Sin embargo, otros cronistas indican que en realidad no era más que un muñeco de madera estático, colocado en uno de los lugares más concurridos de la ciudad, provisto de una hucha destinada a recoger donativos para la construcción de un hospital. Imagino que algo parecido a esas otras figuras  de cartón piedra, casi siempre con apariencia de monaguillo que todavía se encuentran el algunas iglesias, que quien sabe si bajo este punto de vista el hombre de palo no fuera el precursor de estos.

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Sea como fuera, dicen, que en este hombre de palo atribuido a Juanelo Turriano, al que algunos se atreven a comparar con Leonardo da Vinci, se inspiró Carlo Collodi para el inmortal personaje Pinocho.

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Fran González

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