INFECTED

Todo empezó en la pequeña localidad de Hagerstown, Maryland, de unos 30.000 habitantes. En las clínicas locales se recibieron unos casos de Gonorrea en un numero ligeramente superior a los normales. Los médicos recetaron como es habitual ceftriaxona, Doxiciclina o Azitozimina, lo habitual para combatir esta inocente bacteria de transmisión sexual. Claro que una vez infectada la persona podía pasar dos semanas hasta que le aparececieran los primeros síntomas. Pasado este tiempo, los casos se multiplicaron y una mutación del virus empezó a provocar extraños efectos en la población contagiada. La gente se ponía caliente, muy caliente y pronto grandes masas de la población afectada empezaron a perseguir a los no infectados para practicar sexo salvaje con ellos, la locura se instaló en aquella tranquila población.
La policía local, los sherifs y hasta el FBI se veían incapaces de contener la cada vez mas abundante población con aquellos alarmantes síntomas. Nadie estaba a salvo de recibir un polvo salvaje, ni hombres ni mujeres. El Gobernador llamo a la Guardia Nacional, instauro el toque de queda, pero ni por esas, Hagerstown se convirtió en una gran orgia, la Guardia Nacional, muy puritanos por cierto, huyo en desbandada mientras la infección se extendía a otros estados.
El Presidente hizo una aparición urgente en la televisión, a falta de consejos de su equipo asesor, recomendó el uso de condón para todos sus conciudadanos, pero ya era demasiado tarde, la ultima mutación del virus atravesaba la pared del preservativo agujereándola.
Las teorías de la conspiración abundaban, algunos declararon que todo era un complot del ala mas conservadora del partido republicano el Tea Party, para acojonar a los pecadores, otros apuntaban a la farmacéutica Umbrella de expandir el virus con propósitos económicos. La Conferencia de Obispos y el Vaticano intervinieron recomendando abstinencia y solo el coito dentro de la sagrada institución del matrimonio con fines reproductivos, pero ya era demasiado tarde, los maridos infieles y las mujeres adúlteras se habían contagiado y la plaga ya resultaba imparable.
La epidemia traspaso fronteras, algunos aviones transoceánicos se estrellaron a consecuencia de los desenfrenos sexuales a bordo.
El mundo follaba por como poseídos. También los países árabes se pasaron los preceptos por el forro y se contagiaron del problema mundial. Se organizo una conferencia de urgencia en la ONU, no hubo ningún veto, muchas delegaciones afectadas fornicaban entre si, lo único bonito es que antiguos enemigos irreconciliables se lo hacían entre ellos por los pasillos.
Por fin el ejercito entro en acción, se bombardearían grandes zonas del planeta con bombas de Bromuro. Antiguo remedio para estas calenturas.
El bombardeo masivo surgió efecto. La población frenó sus deseos incestuosos y volvió a la vida normal, aunque el índice de natalidad descendió alarmantemente en los siguientes años, gracias a las bombas de Bromuro, el deseo sexual casi había desaparecido y las parejas volvieron a ver la televisión y acostarse sin practicar sexo.
Pero en un recóndito lugar del planeta alguien se hacia unas pajillas con desespero, aquello no había terminado.

Tom Roca

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