ÍNCUBOS

Los íncubos son demonios que adoptan forma humana para poseer a las mujeres durante el sueño. Fueron muy populares durante la Edad Media, y se creía que estos demonios en forma de apuesto joven copulaba con las mujeres para crear descendencia. Se presentaban durante el sueño y la víctima entraba en una espiral de irrealidad de la que no podía despertar pero tenía una sensación muy real. Se dice que las que tomaban conciencia, durante unos segundos vivían una sensación de absoluto terror. Otro de los motivos era que las mujeres casadas cayeran en una red de infidelidades que sólo causarían problemas a la pareja. Una de las características de estos seres demoníacos es el miembro viril helado, cosa que los delataría.
Sí de esta unión antinatural nace una criatura ésta será o bien deforme o bien una persona con poderosos poderes de brujería. La leyenda dice que el mago Merlin era hijo de una de estas uniones, aunque no se ponen de acuerdo con el origen de la madre: unos dicen que era una monja y otros que se trataba de una prostituta, e incluso que era una hija de un príncipe del reino de Gales, pero lo que está claro es que los poderes de Merlin no procedían de este mundo.
Otra de las características de los íncubos es que te succionan la energía, pudiendo enfermar y hasta morir de un paro cardíaco sí sus visitas son continuadas. La tradición dice que ellos se alimentan de esta energía, que al fin y al cabo es lo que buscan.
La manera de actuar de los íncubos es la siguiente: durante varias noches seguidas la víctima tiene sueños eróticos y placenteros que las va predisponiendo para el asalto. Cuando consideran que ya está preparada las poseen de forma violenta y salvaje, de forma que la mujer simplemente considere que ésta vez el sueño erótico se le ha ido de las manos. En muchos casos solo les queda un vago recuerdo. Pero en el cuerpo pueden quedar huellas en forma de cardenales o incluso mordiscos.
Hasta aquí lo que dice la leyenda…pero hay un caso documentado y del que incluso se llegó a hacer una película (espeluznante por cierto) de un caso que sucedió en San Diego sobre los años ’70. Se trata del caso de Carla Morán (nombre ficticio para proteger a la víctima de los hechos). He aquí lo que sucedió:

Carla Moran era una joven madre de familia que acababa de enviudar, con hijos adolescentes. En la casa empiezan a ocurrir sucesos extraños: objetos que se mueven, pasos espectrales, extraños ruidos…
Fue el comienzo de una terrible pesadilla que alcanzó cotas insoportables cuando, en una ocasión, Carla sintió cómo unas manos invisibles la atraparon y empujaron contra la cama. Acto seguido, siente cómo esa entidad la violaba.
La primera reacción fue visitar al psiquiatra, que tras los primeros exámenes determina que Carla no está enferma. Para intentar resolver el caso llegaron, a petición del psiquiatra, unos investigadores de la Universidad de California.
Kerry Gaynor y Barry Taff encabezaron la comisión; junto a ellos trabajó el psiquiatra Howard Lond. Los estudiosos realizaron un pormenorizado estudio de los hechos.
La universidad cedió a los estudiosos un laboratorio equipado en donde simularon una réplica de la vivienda de Carla Moran. Por su experiencia previa, estaban convencidos de que los hechos estaban vinculados a la persona y no al lugar.
Y sabían, además, que el fenómeno se repetía con cierta frecuencia. Lo que se plantearon fue comprobar cómo actuaba el enigmático ente.
Tras varias semanas de investigación, la violenta presencia invisible volvió a hacer acto de presencia. En ese instante, todos los instrumentos comenzaron a trabajar y las cámaras incluso captaron una especie de esfera luminosa próxima a la víctima.
A continuación, Carla Moran empezó a convulsionarse, como si de nuevo fuera atacada por la entidad. Sintió zarandeos, golpes, empujones. Pocos minutos después, de un instante a otro, todo concluyó. Atónitos, los tres investigadores levantaron el acta de lo que habían observado.
También identificaron y tipificaron lesiones en la víctima: contusiones en la espalda, arañazos en el pecho, muslos enrojecidos. Pero lo más grave llegó con el examen ginecológico, puesto que se identificaron en Carla desgarramientos internos idénticos a los registrados en caso de violación.
En su informe los investigadores se vieron obligados a identificar al agresor como algo o alguien desconocido e invisible. Nunca habían investigado un caso similar. Y nunca antes, en la historia de la parapsicología, se había podido contrastar un episodio tan sorprendente. El problema era que los ataques no paraban.
Se llegó incluso a efectuar un exorcismo, pero sin ningún éxito. Los fenómenos sólo cesaron meses después, cuando la presencia invisible comenzó a distanciar en el tiempo las agresiones, hasta que desapareció de la vida de Carla. Actualmente Carla se halla en paradero desconocido.

Silvia Rossi

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