I CHING

El I Ching, Yijing o I King, es un libro oracular chino cuyos primeros textos se suponen están escritos hacia el 1200 a. C. Es uno de los Cinco Clásicos confucianos. Este libro llegó a Europa en el siglo XIX con sus consiguientes intentos de traducción ( por ejemplo la de Charles de Harlez, publicada en Bruselas en 1889). Siglos antes, Athanasius Kircher había obtenido una tabla con los signos del I Ching pero, completamente ignorante de su sentido original los interpretó como una forma de lenguaje abstracto universal. La relativa difusión de su obra propagó el conocimiento del I Ching en occidente, pero desde una perspectiva esóterica que distorsionaba su significado. Por tanto, se suele afirmar que esta práctica fue desconocida en Europa hasta hace poco más de un siglo.

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El término i ching significa » libro de las mutaciones». El texto fue aumentado durante la dinastía Zhou y posteriormente por comentaristas de la escuela de Confucio, pero su contenido original es de procedencia taoísta, y no confucianista. Se cree que describe la situación presente de quien lo consulta y predice el modo en que se resolverá en el futuro si se adopta ante ella la posición correcta. Es un libro adivinatorio y también un libro moral, a la vez que por su estructura y simbología es un libro filosófico y cosmogónico. La filosofía del I Ching supone un universo regido por el principio del cambio y la relación dialéctica entre los opuestos. Nunca presenta una situación en la que no esté incluido el principio contrario al rector del signo, que conducirá a un nuevo estado. Los cambios se suceden de manera cíclica, como las estaciones del año, lo cual muestra claramente el concepto taoísta del ying y yang.

En su aspecto cosmogónico, el I Ching describe un universo en el que la energía creadora proviene del cielo, en tanto a la tierra es receptora y fecundadora de esa energía primaria. En cierto modo el I Ching considera el cambio como la única realidad existente, el ser. En Occidente se identifica el ser con aquello que mantiene unidas la forma y la materia y le da la virtud a la forma. Para el I Ching, la materia es sólo una manifestación pasajera de un principio más profundo. Se advierte también un sistema de numeración binario, a la vez geométrico y aritmético, en el que una línea continua es a la vez todos los números impares, y una quebrada, los impares. Los trazos de los hexagramas se construyen de abajo hacia arriba, al contrario de la escritura china posterior, que se construye de arriba a abajo.

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El I Ching, Yijing o I King, es un libro oracular chino cuyos primeros textos se suponen están escritos hacia el 1200 a. C. Es uno de los Cinco Clásicos confucianos. Este libro llegó a Europa en el siglo XIX con sus consiguientes intentos de traducción ( por ejemplo la de Charles de Harlez, publicada en Bruselas en 1889). Siglos antes, Athanasius Kircher había obtenido una tabla con los signos del I Ching pero, completamente ignorante de su sentido original los interpretó como una forma de lenguaje abstracto universal. La relativa difusión de su obra propagó el conocimiento del I Ching en occidente, pero desde una perspectiva esóterica que distorsionaba su significado. Por tanto, se suele afirmar que esta práctica fue desconocida en Europa hasta hace poco más de un siglo.

El término i ching significa » libro de las mutaciones». El texto fue aumentado durante la dinastía Zhou y posteriormente por comentaristas de la escuela de Confucio, pero su contenido original es de procedencia taoísta, y no confucianista. Se cree que describe la situación presente de quien lo consulta y predice el modo en que se resolverá en el futuro si se adopta ante ella la posición correcta. Es un libro adivinatorio y también un libro moral, a la vez que por su estructura y simbología es un libro filosófico y cosmogónico. La filosofía del I Ching supone un universo regido por el principio del cambio y la relación dialéctica entre los opuestos. Nunca presenta una situación en la que no esté incluido el principio contrario al rector del signo, que conducirá a un nuevo estado. Los cambios se suceden de manera cíclica, como las estaciones del año, lo cual muestra claramente el concepto taoísta del ying y yang.

En su aspecto cosmogónico, el I Ching describe un universo en el que la energía creadora proviene del cielo, en tanto a la tierra es receptora y fecundadora de esa energía primaria. En cierto modo el I Ching considera el cambio como la única realidad existente, el ser. En Occidente se identifica el ser con aquello que mantiene unidas la forma y la materia y le da la virtud a la forma. Para el I Ching, la materia es sólo una manifestación pasajera de un principio más profundo. Se advierte también un sistema de numeración binario, a la vez geométrico y aritmético, en el que una línea continua es a la vez todos los números impares, y una quebrada, los impares. Los trazos de los hexagramas se construyen de abajo hacia arriba, al contrario de la escritura china posterior, que se construye de arriba a abajo.

En cuanto a los medios de consulta se utilizan cincuenta varillas de milenrama o aquilea, dejando una aparte se van dividiendo de una manera determinada en grupos las demás. Es un sistema que asegura que sólo intervendrá la energía del consultante. La división al azar y el recuento de los tallos era una compleja operación que se reducía a números, los que a su vez representaban líneas quebradas o enteras, según fueran pares o impares.

Ya que el método de los tallos es lento y exige una cierta destreza manual, es posible utilizar un sistema consistente en la tirada simúltanea de tres monedas. Pueden ser de cualquier tipo, mejor mismo tamaño y valor, y de curso actual. La consulta mediante monedas chinas adquiere una connotación especial por su simbólica conexión ancestral. Estas son redondas, con un agujero cuadrado en el centro. La circularidad representa el principio creativo del yang ( Ch’ en o Cielo), mientras que el orificio cuadrado simboliza el principio del yin, el espacio limitado de la Tierra receptiva ( K´un) . Cada lado de las monedas tiene asignado un valor estático, de forma que al sumar los de las tres monedas lanzadas se obtiene un resultado total y así se determina si el trazo de la línea del hexagrama es yang (impar, línea continua) o yin ( par, línea quebrada). Los cuatro ideogramas de la cara de la moneda también representan las cuatro estaciones del año, considerados la unidad.

Tradicionalmente las monedas eran purificadas y bendecidas, para luego ser conservadas en un lugar alto como una repisa o altillo por encima del hombro, y sólo se movían para realizar la consulta.

Óscar Ventura

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