HOSPITALES. Mi crónica del Programa

Cuentan que en un hospital de Mexico trabajaba una enfermera de nombre Eulalia, que vestía siempre su uniforme muy limpio y planchado.

 Ella era muy buena en su trabajo, hasta el momento en que llego un médico nuevo. Eulalia se enamoró de él y al poco tiempo fueron novios, el un día le dijo que tenía que salir un tiempo a un seminario, pero nunca regreso, más tarde Eulalia se enteró que se había casado. Eulalia cayó en una terrible depresión, y empezó a fallar en su trabajo, lo que ocasionó la muerte de algunos pacientes  por causa de  sus descuidos, finalmente, Eulalia enfermó gravemente y murió.

A partir de ese momento empezaron a ocurrir hechos extraños en ese hospital ya que por las noches una enfermera muy pulcra atiende a los pacientes que descuidan las otras enfermeras en el turno de la noche, o si no despierta a las enfermeras que se quedan dormidas en su turno. Por su apariencia pulcra, los que la han visto (pacientes, enfermeras, médicos) la apodaron “la planchada”. Aseguran que su alma no puede descansar por sentir culpable por haber descuidado a sus pacientes por sus problemas personales.

planchada

Hospitales, lugares de vida y de muerte, de risas y lágrimas. Lugares donde se puede celebrar el milagro de una nueva vida que llega al mundo, y donde al mismo tiempo, se puede llorar por otra que abandona el plano de los mortales.

 En estos tiempos en que la sociedad protesta por el cierre de centros sanitarios, tenemos que recordar que hubieron otros tiempos en que los hospitales afloraban en cualquier lugar. Epidemias como la peste o la tuberculosis, verdaderas cárceles para aquellos cuya mente pensaba diferente al orden establecido, o simplemente para curas de salud de gentes pudientes, todo lugar era bueno, monasterios, cuarteles, o edificios de nueva construcción en sitios alejados de las grandes urbes se fueron convirtiendo con el paso de los siglos en hospitales improvisados para un momento determinado o en especies de balnearios donde se prometían tratamientos milagrosos.

Muchos de estos lugares, a día de hoy siguen desempeñando la función para lo que fueron creados, en cambio otros hoy están reconvertidos en estudios cinematográficos como el Hospital del Torax, o en museos como el Reina Sofía,  en cambio otros están totalmente abandonados, como es el caso del Sanatorio de Agramonte en España o el de Tequendama en Colombia, cuya historia tuvimos el privilegio de compartir ayer en nuestro programa con el escritor Lorenzo Fernández Bueno. Sin embargo, aparte de su utilidad en el pasado, estos lugares continúan teniendo algo en común, en todos ellos quedo impregnado el dolor, el sufrimiento, y a saber cuantas cosas más de las personas que pasaron por ellos, personas que quizás las paredes de esos recintos fueran lo último que vieran en esta vida, personas de las que, quien sabe igual su espíritu quedó atrapado en el mismo lugar en que fallecieron, bien fuera porque nadie los vino a buscar en el momento final, bien sea porque buscan respuestas, venganza, justicia, o simplemente porque les fue negada la luz que les habría de conducir al más allá, o también pudiera ser, como en el caso de la leyenda de la Planchada, con la que abría este artículo, para purgar aquellos pecados que creen haber cometido en vida.

Hospitales, cuantas historias, cuantas leyendas, y  sobre todo, cuantas cosas nos tienen que contar todavía.

hospitales

“Debo estar loco para estar en un manicomio como éste.”

               (Alguien voló sobre el nido del cuco)

Fran González

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