HIPATIA. LA ASTRONOMA DE ALEJANDRIA

Un aciago día para la ciencia de marzo de 415 en que Hipatia volvía a casa en su carruaje, fue sorprendida por una horda de cristianos iracundos quienes, tras arrastrarla al Caesareum de Alejandría y despojarla allí de su vestidura, la mataron con cascotes de teja y luego quemaron los restos de su cuerpo tras haberlo hecho pedazos.

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Hipatia de Alejandría, joven astrónoma, matemática y filósofa brutalmente asesinada por fanáticos cristianos, marca un punto de inflexión entre la cultura del razonamiento griego y el oscurantismo medieval. Como pasa con muchos sabios de la Antigüedad, se sabe poco de su vida, pero sí lo suficiente como para considerarla un icono de la sabiduría y una mujer adelantada a su tiempo, que llegó a ser directora del Museo de Alejandría por méritos propios en un mundo masculino que dejaba pocas oportunidades a la formación y libertad de las mujeres.

Nacida en Alejandría, capital de la diócesis romana de Egipto, a mediados del siglo IV, se desconoce su fecha, su fue Teón de Alejandría, un célebre matemático y astrónomo, muy apreciado por sus contemporáneos, que probablemente debió trabajar y dar clases en la Biblioteca del Serapeo, sucesora de la legendaria Gran Biblioteca ptolemaica. Hipatia, por su parte, se educó en un ambiente académico y culto, dominado por la escuela neoplatónica alejandrina, y aprendió matemáticas y astronomía de su padre, quien además le transmitió su pasión por la búsqueda de lo desconocido.

En torno al año 400 se había convertido en líder de los neoplatónicos alejandrinos, centrándose en las obras de Platón y Aristóteles. La casa de Hipatia se convirtió en un centro de instrucción donde acudían estudiantes de todas partes del mundo romano, atraídos por su fama. Entre sus alumnos había cristianos, como por ejemplo su alumno predilecto, Sinesio de Cirene (con posterioridad obispo de Ptolemaida entre 409 y 413), perteneciente a una familia rica y poderosa, que mantuvo una gran amistad con su maestra. Otro de sus notables alumnos fue Orestes que más tarde se convertiría en prefecto imperial de Egipto.

Aunque todos sus escritos se han perdido, existen numerosas referencias a ellos. Su trabajo más extenso fue en álgebra. Escribió un comentario sobre la Aritmética de Diofanto (considerado como el padre del álgebra) en el que incluía soluciones alternativas y nuevos problemas. También escribió, en ocho libros, un tratado sobre la Geometría de las Cónicas de Apolonio (a quien se deben los epiciclos y deferentes para explicar las órbitas irregulares de los planetas). Colaboró con su padre en la revisión, mejora y edición de los Elementos de la Geometría de Euclides, cuya edición es la que aún se emplea en nuestros días, escribiendo un tratado sobre el mismo. Asimismo escribió un Canon de Astronomía, dedicándose además a realizar la revisión de las Tablas Astronómicas de Claudio Tolomeo, conocidas por su inclusión en el Canon Astronómico de Hesiquio. También cartografió diversos cuerpos celestes, confeccionando un planisferio. Además de la filosofía, matemáticas y astronomía, se interesó por la mecánica y las tecnologías prácticas. En las Cartas de Sinesio están incluidos sus diseños para varios instrumentos, incluyendo un astrolabio plano, que nos sirve para medir la posición de las estrellas, los planetas y el Sol.

A raíz de la presión que durante el siglo V se produjo en Alejandría contra los paganos, herejes y judíos, por parte de la creciente influencia del Patriarcado de Constantinopla, comenzó un enfrentamiento hostil entre Cirilo, obispo de Alejandría, y el prefecto imperial Orestes, recordemos, antiguo alumno de Hipatia, y que esgrimía al edicto de tolerancia, promulgado por Teodosio el Grande, para condenar las prácticas abusivas de Cirilo, hacia todo aquel que no pensara como él.

Empezó entonces a correr entre los cristianos de Alejandría el rumor de que la causante de la discordia entre Cirilo y Orestes era la influyente Hipatia, amiga y consejera de su ex alumno y presumiblemente, opuesta a los abusos del poder religioso. En plena Cuaresma, un grupo de fanáticos, dirigidos por alguien de nombre Pedro, se abalanzó sobre la filósofa mientras regresaba en carruaje a su casa, la golpearon y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar al Cesáreo, magno templo edificado por Augusto tras su victoria sobre Marco Antonio y convertido en catedral de Alejandría. Allí, tras desnudarla, la golpearon con tejas hasta descuartizarla y sus restos fueron paseados en triunfo por la ciudad hasta llegar a un lugar denominado el Cinareo, donde los incineraron.

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Considerada una de las primeras víctimas del fanatismo religioso y la última gran sabia de la Antigüedad, su vida fue llevada al cine en una película española dirigida por Alejandro Amenabar, y sobre un guion escrito por el mismo, con el título de “Agora”

Fran González

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