ESCUCHANDO EL PASADO. Mi crónica

Se supone que la tecnología está para hacernos la vida más fácil, o al menos eso es lo que dicen, pero cuando sucede algo parecido a lo que nos pasó en el programa de ayer, en que esta se empeña en hacer la vida imposible, es cuando realmente nos damos  cuenta de cuanto dependemos de las máquinas y cuanto hemos dejado de depender de nosotros mismos. Si ellas fallan, nosotros fracasamos.

 tecnologia

Consideramos tan necesario el coche, o la moto, tan de moda en las grandes ciudades, que nos hemos olvidado de que para ir a comprar el periódico al kiosko de la esquina tenemos unas cosas llamadas piernas, nos hemos acostumbrado tanto a ir con auriculares que cuando nos los quitamos, nuestros oídos han perdido su capacidad de oír por si solos, nos hemos habituado tanto al chat o al wassap, que cuando estamos con nuestros amigos ya no tenemos nada de que hablar, y por desgracia, hemos sustituido la televisión por la ventana, una imagen solo vale más que mil palabras si sale por la caja tonta. Me da miedo pensar que llegará un día que los libros solo sirvan para leer, que ya ni se toquen ni se huelan.

Ayer, con Alex Guerra aprendimos que hace cientos de años, nuestros antepasados, sin necesidad de satélites ni ordenadores, habían ideado un sistema para avisar al pueblo de la llegada de los huracanes. Y también como mediante la música, los sonidos, el hombre se mantenía en armonía con la naturaleza. Todos nos hemos reído viendo, o en días locos, haciendo una burda invitación, la danza de la lluvia. Nuestras evolucionadas mentes no van más allá de ver en esas danzas un ritual antiguo de mentes primitivas, jamás no hemos parado a pensar,  ni por un momento, de que igual pudiera funcionar, de que quizás hubo un tiempo en que la humanidad bailaba y cantaba para pedir a la madre tierra aquello que necesitaba, y que por una extraña conexión que no logramos entender, esta se lo concedía.

Esa nueva ciencia llamada arqueoacustica investiga sobre el uso del sonido por parte nuestros antepasados. Pasaríamos horas discutiendo, en algunos casos, de donde sacaron ese conocimiento para que el eco de una palmada te devuelva el chirrido de un quetzal, o para que nuestra  voz se traslade decenas de metros llegando nítidamente al oído receptor sin ningún tipo de ayuda tecnológica. Lo que no tiene discusión, es comprobar que todavía funcionan, tenemos mucha suerte, las generaciones venideras no tendrá tanta con nuestros fabulosos inventos, todos sabemos que cualquier cosa que compremos hoy día, viene con fecha de caducidad.

Aun así, quiero dejar claro que no estoy en contra de todos los avances que las nuevas tecnologías nos ofrecen, de hecho las utilizo a diario y me aprovecho de sus beneficios, pero también quiero creer que si algún día, si por alguna razón, se produjera un gran apagón, y todas esas máquinas de las que estamos rodeados dejaran de funcionar al unísono, podría seguir respirando por mi mismo.

danza

Y quien sabe, tal vez algún día, sentados bajo un dolmen, meditando en el claustro de un a antiguo monasterio, o simplemente abrazando un árbol, logremos percibir las voces que sin duda se encuentran impregnada en cada una de ellas, y dejar que nos expliquen alguno de los misterios que la historia nos tiene todavía reservados.

Fran González

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