ENIGMAS DE LA HISTORIA: EL DUENDE DE ZARAGOZA

Todo comenzó el 27 de Septiembre de 1934. En el segundo piso de un edificio situado en la calle Gascón de Gotor, 2 de Zaragoza, donde residía la familia Grijalba, tuvo lugar un hecho cuyo protagonista fue bautizado en un principio como el “duende de la hornilla”, posteriormente y ya como el “duende de Zaragoza” pasaría a formar parte de los enigmas inexplicables acontecidos en la historia de nuestro país.

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Primero fueron unas sonoras carcajadas que se oirían en las escaleras entre el primer y segundo piso. Muchos vecinos abandonaron sus camas sobresaltados, preguntándose en vano cuál era el origen de tan misterioso sonido. Las siniestras risas fueron diluyéndose en el silencio del edificio y terminaron por desaparecer al cabo de unos minutos. Lo que en principio parecía ser tan solo la obra de un bromista se tornó en interrogante al comprobar que no había nadie escondido en los rellanos.

Durante los días siguientes sólo se escucharon ruidos extraños a últimas horas de la noche. Eran más breves y sonaban más alejados, por lo cual la vecindad no les otorgó tanta importancia. El 15 de Noviembre, y de nuevo a primera hora de la mañana, Isabel, la inquilina del segundo derecha, escuchaba de labios de su criada de 16 años, Pascuala Alcober, que una lastimera voz masculina le había dirigido la palabra en la cocina, a pesar de encontrarse completamente sola en la estancia.

Al día siguiente, cuando la muchacha cerraba la trampilla del fogón, la propia dueña del piso pudo oír un chillido varonil que se articulaba en un “¡ay!” de dolor, y que a continuación exclamaba: “María, ven”.

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Entre los días 20 y 23 de noviembre los agentes de seguridad realizaron varios registros en el apartamento y en los pisos colindantes, pero jamás hallaron nada. La fama del “duende de la hornilla” se estaba convirtiendo para las autoridades en un problema de orden público debido a la multitud que a diario se reunía frente al edificio.

El tema tuvo tanto alcance que el 27 de noviembre de 1934 THE TIMES publicaba una información que proyectó el incidente de forma internacional.

El Times decía:

“Un irónico duende, que habla por la campana de una chimenea, tiene sobresaltados estos días a los habitantes de Zaragoza, los cuales se afanan de dar con la pista de la misteriosa voz. Un arquitecto y varios obreros han sido requeridos para trabajar sobre el terreno: han removido todo el piso e incluso han levantado el tejado, pero los trabajos han sido totalmente infructuosos. La policía trabaja activamente. No se ha podido impedir que de entre los grupos estacionados frente a la casa se destacasen varias personas y se lanzaran al techo, presas de gran alteración nerviosa, para buscar al duende. La policía se ha visto obligada a desalojar varias veces la puerta de la casa.”

Sin respuesta lógica alguna a los sucesos, los expertos metidos en el caso dedujeron que Pascuala estaba realizando un complicado acto de ventrílocuo; cosa que jamás pudo ser probada.

Al llamar a un albañil para que midiera la cocina, la voz le dijo “No te preocupes, mide 27 centímetros” cuando el hombre se encontraba calculando las medidas de una parte determinada de la habitación. Y exactamente, como dijo el ser; la medida era correcta. El albañil se levantó y abandonó el edificio a toda prisa, dejando sus herramientas en el lugar. Ese día Pascuala no se encontraba en el edificio.

La evidencia presentada, (y el hecho de que la entidad seguía en el lugar, aparentemente) rápidamente demostró que no se trataba de un engaño o truco realizado por los Palazón o Pascuala. El “duende” no solo hablaba, sino que también podía adivinar cuantas personas se encontraban en una habitación determinada e incluso respondía a un interrogatorio policial.

-¿Quieres dinero?

-No.

-¿Quieres un trabajo?

-No.

-¿Qué es lo que quieres, hombre?

-No soy un hombre.

Arturo Grijalva, hijo del dueño del edificio y único testigo vivo del evento; narra que en el tiempo que la investigación estaba siendo realizada, se escabulló al interior de la cocina para ver si podía escuchar a la voz. Se dio cuenta de que ya nadie vivía en el edificio, y que solo había policías guardando el perímetro del departamento.

Cuando Arturo le dijo a su padre que era una locura, que se fueran; la voz le contestó con una voz ominosa y gutural: “No estoy loco, pequeño”. Todo mundo lo escuchó y huyeron de la zona.

En los diferentes  atestados oficiales de aquella redada en busca de lo insólito, los magistrados y forenses solo pudieron certificar que la sirvienta, la persona a la que inicialmente apuntaban como causante del burdo fraude, no era responsable de las manifestaciones, pero posiblemente cediendo a las presiones políticas de la época, finalmente se acordó que la joven Pascuala era la voz del duende y la causante de los sucesos. El ser inculpada tuvo consecuencias duraderas: la mujer jamás se recuperó del todo y rehusó a socializarse en público. Ya siendo vieja, fue entrevistada por los medios españoles para que diera su opinión, y lo único que pudo decir fue que la voz venía de la pared.

En diciembre de 1934 y una vez cerrado el caso oficialmente, los vecinos también realizaron su propio cierre alegando que el duende desapareció. Pero se sabe que el día del 3 de diciembre  la voz les dijo: ¡Voy a matar a todos los habitantes de esta maldita casa!, ¡Cobardes, cobardes, voy a matar a los habitantes de esta maldita casa!”

Esa misma noche del 3 de Diciembre, última vez que se supo del duende, murió en el barrio la vecina  Asunción Jiménez, tras realizar una sesión de espiritismo, aunque posiblemente los casos no guardaran ninguna relación entre sí.

Desde entonces, lo único, centenares de fotografías circulando por la red, la gran mayoría, de origen y veracidad bastante dudosa.

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El edificio donde ocurrieron los hechos ya no existe. Fue demolido para evitar que la voz volviera. En su lugar, existe un nuevo edificio departamental en el que hasta la fecha, no se han reportado sucesos extraños. Su nombre es el edificio Duende.

Fran González

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