EL PODER DE LOS CRISTALES: LA TURQUESA

Hay diferentes leyendas alrededor del mundo sobre el origen de la turquesa, piedra admirada y buscada a lo largo de todos los tiempos.
En la antigua Persia decía la leyenda que los huesos de los hombres y mujeres hermosos y enamorados, se convertían en turquesas cuando morían de amor, aún cuando este fuese correspondido.
Los nativos americanos la asocian a la danza de la lluvia: se dice que una noche de luna llena estaban danzando para provocar la lluvia después de una larga sequía. Cuando empezó a llover, las gotas de lluvia se entremezclaron con las lástimas de alivio y agradecimiento de los danzantes, que fueron absorbidas por la tierra, y que al secarse surgieron estas piedras azuladas.
Otra leyenda cuenta que la turquesa era parte de la madre tierra y que Dios tomó una parte para convertirla en mujer.
La turquesa es otra de esas piedras que han estado presentes a lo largo de todas las culturas.
En el antiguo Egipto la utilizaban para tallar los famosos escarabajos sagrados que utilizaban de amuleto.
En Mesopotamia, Persia y China simbolizaban la abundancia, se creía que quien poseyera esta piedra nunca sufriría problemas económicos.
La cultura árabe sigue utilizándola como amuleto de la suerte y para ahuyentar el mal de ojo, la llaman Piedra de la Suerte o Fayruz.
Para la cultura azteca esta piedra tenía connotaciones mágicas, era un protector y además daba fuerza a su portador. Era utilizado para adornar las armas, y así, de paso, quedaban protegidos y aumentaban la fuerza de los ataques.
Parece ser que Cristóbal Colón siempre se embarcaba con una encima, ya que es una de las piedras de protección para los marineros.
Otra de las cosas que dicen de la turquesa es que cambia de color para avisar de las posibles infidelidades, una especie de alarma.
Es una piedra de purificación, y disipa las energías negativas. Puesta sobre el sexto chakra potencia la intuición, y es una gran aliada para la meditación. Si la colocamos sobre el quinto chakra nos ayudará a que se exprese el alma, a disolver antiguos votos, y a liberarnos de prohibiciones e inhibiciones.
La turquesa nos ayuda a sintonizar el nivel físico con el espiritual, y alinea todos los chacras con los cuerpos sutiles. Es una piedra que unifica las energías masculinas con las femeninas, ayuda a resolver problemas de forma creativa y es una gran aliada sí tienes que hablar en público.
Esta piedra nos proporciona fuerza, estabiliza el estado de ánimo alterado y nos devuelve la calma, y además estimula el amor romántico.
Recomendada para estados de depresión o ataques de pánico, y el agotamiento mental.
Se utiliza también sanar vidas pasadas y aceptar que el propio destino depende de las decisiones que tomemos en cada momento.

Silvia Rossi
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