EL PODER DE LOS CRISTALES: LA MALAQUITA

La leyenda dice que esta piedra se hace añicos para advertir a quien la lleva de un peligro venidero. En el antiguo Egipto se utilizaba contra dolencias oculares, para potenciar la visión psíquica, y para la canalización de energías desde lo invisible a lo visible. En Grecia, Roma y Egipto se usaba en forma de amuleto como una protección de las energías negativas y el “mal de ojo”, como una protección contra el rayo y las pesadillas, y se llevaba encima para impedir los vómitos y los mareos durante el embarazo.
Siempre se ha considerado una piedra de sabiduría, utilizándose como anillo entre sacerdotes y sabios, e incluso se han encontrado báculos asirios con incrustaciones de esta piedra.
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La malaquita absorbe con mucha facilidad las energías negativas, tanto del entorno como del propio cuerpo, por ello era considerada como un potente protector, limpiando las fuerzas electromagnéticas y es muy útil para limpiar la radiación. Es un amplificador de energías tanto positivas como negativas. Por ello hay que tomar la precaución de limpiarla antes y después de cada uso, poniéndola en una drusa de cuarzo al sol (la sal daña su superficie).
La malaquita por sus fuertes lazos con la naturaleza está considerada una piedra que continuará evolucionando, y que probablemente pase a ser una de las más importantes de este milenio.
Una cosa a tener en cuenta es que se trata de un cristal tóxico en su forma original, por lo que sólo se utilizará una vez pulida, para evitar respirar el polvillo que suelta.
La malaquita te anima a vivir con intensidad, promueve los cambios y ayuda a asumir riesgos. Es una piedra de transformaciones, que te muestra sin piedad lo que te impide evolucionar en tu camino espiritual. Además rompe inhibiciones y te lleva a dinamitar patrones caducos, facilitando la expresión de sentimientos y pensamientos enterrados.
También es de ayuda para superar la timidez y fomenta la empatía.
Activa y limpia los chakras, puesta sobre el cuarto chakra o corazón aporta equilibrio, nos abre al amor incondicional y nos proporciona armonía. Si la colocamos sobre el plexo solar o tercer chakra, nos ayudará a la curación emocional, limpiando viejos traumas y sacando a la luz sentimientos reprimidos.
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Una bola de malaquita puede utilizarse para acceder a otros planos, tanto internos como externos. Concentrarse en sus líneas puede ayudarnos a traer mensajes del futuro o del subconsciente.
La malaquita puesta sobre el tercer ojo nos abre la visión psíquica y nos facilita la visualización.

Silvia Rossi

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