EL PODER DE LA MUSICA. Mi crónica del último programa.

En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.

Arthur Schopenhauer

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“La música amansa las fieras”, o eso es lo que hemos oído siempre, imagino que algo de verdad esconderá la frase. La música altera el estado de ánimo, nos anima, nos deprime, nos pone en tensión o nos relaja. A cada cual según sus gustos, o eso al menos es lo que creemos.

Una leyenda urbana dice que fue Joseph Goebels, el ideólogo del nazismo quien creó un decreto universal en 1939 por el cual se instaba a todo el mundo a afinar el LA musical a 440 Hertzios, en lugar de a 432 Hz, frecuencia a la que se afinaba toda la música hasta el momento, y que esto provoca en la gente pensar y sentir de una manera determinada y se la mantiene sumida en un desorden interno. Y otra que existen unas frecuencias llamadas  Solfegios que guardan relación con la geometría sagrada y que más o menos sería:

UT – 396 Hz – Liberación de culpas y miedos RE – 417 Hz – Deshacer situaciones y facilitar los cambios MI – 528 Hz – Transformación y milagros (reparación del ADN) FA – 639 Hz – Conexiones y Relaciones SOL – 741 Hz – Despertar de la Intuición LA – 852 Hz – Retorno al Orden Espiritual

Estas frecuencias al parecer serían las utilizadas por los monjes del bajo medievo para sus cantos gregorianos, en una época donde la escala musical solo tenía seis notas y Do era Ut.

Para los que no gozamos de un oído musical privilegiado ni hemos sido instruidos en este arte, todo esto nos puede sonar a chino, ya cuesta diferenciar un mí de un re como para encima tener que saber cuál es su afinación. Sin embargo, de lo que no tengo ninguna duda es de qué todo en la vida tiene música, aunque a menudo nos pase desapercibida.

Cuenta, que cuando el hombre tenía una conexión especial con la naturaleza, y sus dioses eran el sol, la luna, el viento y el mar, invocaban a estos mediante cantos y danzas para dar gracias o pedir favores. Ahora,  que el sol y la luna no son más que astros, que el viento no es más que una incidencia climatología, y que el mar es tan solo agua salada, solo cantamos y danzamos  para nuestra propia diversión, quizás, solo quizás, en eso radica lo de las frecuencias, en que dejemos de tener conexión con el universo para tener solo conexión con nosotros mismos, o lo sería lo mismo, aislarnos del todo para convertirnos solo en nada.

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Si hay música en tu alma, se escuchara en todo el universo.

Lao Tzu

Fran González

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